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Revista Digital

Breve historia de la evolución política de los municipios
Martes, 19 Mayo 2015 18:48

Del caciquismo del XIX a las elecciones de 1931 y la II República

Caricatura sobre los caciques en el siglo XIX. Caricatura sobre los caciques en el siglo XIX. en.wikipedia.org
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En este segundo capítulo de nuestra breve evolución de la organización política municipal, nos detenemos en dos de los momentos más importantes de nuestra historia. Por un lado, la construcción del sistema liberal durante el siglo XIX, y la corrupción inherente de ese sistema a partir de la figura del cacique. Y por otro, las elecciones municipales de 1931, las primeras que se celebraban tras la dictadura de Primo de Rivera y cuyos resultados provocaron el cambio de un régimen.

Analizar el siglo XIX español, como en la mayoría de los países europeos, supone conocer el momento en el que se comenzó a fraguar y explotó el mundo que actualmente conocemos. En lo político, lo económico y lo social, esta centuria es fundamental para comprender la manera en la que nos relacionamos como sociedad.

La generación del estado liberal en España, a diferencia de lo que sucedería en otros países de nuestro entorno, se desarrolló a partir de un movimiento pendular en el que se oscilaba entre posiciones ultraconservadoras que pretendían el mantenimiento de las estructuras del Antiguo Régimen y los impulsos de los sectores más liberales de la sociedad que finalmente fueron imponiendo su visión en política y economía.

En ese contexto, la autonomía municipal, que tal y como veíamos en el capítulo anterior, había desaparecido durante la Edad Moderna por la acción de los Corregidores Reales, sigue bajo mínimos. Sin embargo, es también en este momento cuando se emprenden las primeras medidas de modernización de la administración, hasta el punto en que a partir de 1834 nace la organización territorial basada en provincias que aún hoy conservamos.

El gobierno de las provincias, que se han mantenido prácticamente con la misma configuración de su nacimiento, corresponde a las Diputaciones, y su creación responde a la iniciativa del entonces ministro de Fomento Javier de Burgos, quien inicia este proceso para la centralización del Estado con la configuración de 49 provincias.

La convulsión social, los constantes alzamientos de liberales moderados o radicales, las guerras carlistas, los procesos cantonales, y finalmente la Restauración Borbónica protagonizaron durante prácticamente todo el siglo la vida política española y andaluza, y como sería de esperar, impidieron un desarrollo de un sistema de autonomía municipal que pueda definir al periodo al completo. Sin embargo, sin que existe una realidad, una triste realidad, que nos puede ayudar a comprenderlo.

El caciquismo, un modo de corrupción que se daba especialmente en las zonas rurales por las cuáles el cacique, generalmente un poderoso terrateniente compraba, bien directamente mediante un intercambio monetario, o bien mediante la presión en otros aspectos, hasta llegar a la violencia, las voluntades de aquellas personas que tenían derecho a voto. Baste un ejemplo que nos ayudará a comprender la corrupción inherente al sistema, a lo largo de todo el siglo XIX, el partido que convocaba las elecciones siempre las ganaba.

Ese sistema bipartidista y corrupto, del que ya hemos hablado en otras ocasiones, fue poco a poco desmoronándose hasta que finalmente el rey Alfonso XIII firma su defunción al apoyar el golpe de Estado de Primo de Rivera y el posterior gobierno dictatorial que se extendería durante prácticamente toda la década de los 20 y que finalmente desembocaría en el periodo conocido popularmente como Dictablanda, y  que convocó unas elecciones municipales, las primeras que se celebraban en décadas en nuestro país que tuvieron lugar el 12 de abril del año 1931.

Aquellas elecciones acabarían siendo mucho más que un proceso electoral local. Los años previos, con el Pacto de San Sebastián en 1930, se había generado un bloque políticamente transversal, que iba de los conservadores a los socialistas, para impulsor un cambio de régimen, para pasar de la monarquía a un sistema republicano.

Los resultados de aquellas elecciones, cuyos partidos se habían dividido en dos bloques muy definidos en monárquicos y republicanos, trajeron la victoria de los primeros a nivel general, sin embargo ello fue debido al peso de la vida rural en España. En las grandes ciudades, las que debían liderar el proceso de modernización de nuestro país y donde los votantes estaban libres de los yugos caciquiles de décadas anteriores, la victoria de los republicanos fue abrumadora. Tras conocerse los resultados, el Ayuntamiento de Eíbar izó la bandera republicana y tras la salida y renuncia de Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931 se constituyó la Segunda República Española.