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Miércoles, 27 Mayo 2015 11:31

Código Fuente: #AlimentaciónYSaludAD

Fruta, base de la alimentación sana. Fruta, base de la alimentación sana. www.pixabay.com
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Esta semana celebramos el Día Nacional del Celíaco, una enfermedad autoinmune que afecta al intestino delgado y que produce malestar cuando el afectado ingiere gluten, un elemento presente en muchos de los alimentos que tomamos habitualmente. No se sabe exactamente el origen de esta enfermedad, pero llama la atención que en los últimos años cada vez sean más los casos que aparecen. Y no es la única enfermedad digestiva que está de moda en los últimos años.

¿Quién no tiene a algún familiar o amigo que no le hayan detectado en los últimos años alguna alergia o intolerancia alimenticia? La celiaquía es una de esas enfermedades que hace unos años casi nadie conocía, y ahora casi todo el mundo puede citar el caso de alguien que la tiene. Pero, además, cada vez estamos más habituados a escuchar términos médicos como intolerancia a ciertos alimentos, histaminosis, colon irritable, carencia de enzimas digestivas, infección por helicobacter pilory, etcétera. Por eso, en la edición de esta semana queremos poner el foco en lo que comemos, y en cómo nuestra alimentación afecta a nuestra salud.

Hablaremos no sólo por el tipo de dieta que llevamos, sino también por la calidad de los alimentos que consumimos. En un estudio de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria  presentado recientemente se ponía de relieve cómo el 44% de las muestras analizadas presentaba residuos químicos y casi un 30% de ellos eran restos de pesticidas. Sobre el uso de estos químicos hay mucha literatura y bastante consenso. Más polémico es el tema de los transgénicos. El debate sobre si son o no seguros, si afectan o no a la salud está sobre la mesa, entre otras cosas porque no existe interés en estudiar de verdad los efectos a largo plazo del consumo de organismos genéticamente modificados.

Según un informe de la Plataforma Andalucía Libre de Transgénicos, no existe literatura científica suficiente e independiente que aclare las dudas sobre la inocuidad de los productos transgénicos. Los estudios que se han publicado hasta la fecha no concluyen que sean negativos, entre otros motivos, porque no existen protocolos comunes para el análisis y porque dependen y están patrocinados o directamente realizados por las poderosas multinacionales de la alimentación.
 
En Europa, la normativa exige que se identifique la presencia de transgénicos en el etiquetado siempre que supongan más del 1% del producto en sí. Esto si hablamos de alimentación, pero lo cierto es que los transgénicos están presentes en muchos más artículos de consumo y contacto diario como desodorantes y demás productos de cuidado personal que contienen etanol, un compuesto químico derivado del maíz BT, presente también en los combustibles.

El algodón transgénico cubre más de 15 millones de hectáreas del planeta y supone casi el 70% de la producción total. Nuestra ropa es también transgénica. En los últimos años se está produciendo también un repunte considerable en los casos de pieles atópicas y alergias cutáneas que están íntimamente relacionadas con la contaminación y los estilos y hábitos de vida y consumo.