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Revista Digital

Convivencia
Jueves, 22 Enero 2015 05:59

Casos de la historia andaluza reciente en los que se ha alterado la convivencia

Casos de la historia andaluza reciente en los que se ha alterado la convivencia Pixabay
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La convivencia o la coexistencia en ocasiones se rompe. Un sólo suceso aislado puede desencadenar que los ánimos se enciendan. Ha ocurrido en algunas localidades de Andalucía en su historia reciente.

En casi todos ellos, se repite un patrón similar: una persona o grupo de personas de una comunidad minoritaria provocan daños físicos o materiales a una persona o un grupo de personas integrantes de una comunidad mayoritaria. Entonces, se produce una respuesta, en cierto modo masiva, por una parte de la comunidad mayoritaria. En esta respuesta no son ajenos los grupos que buscan aumentar dicha movilización y que intentan canalizar la rabia vecinal por estos sucesos hacia un discurso y unas actitudes racistas.

El caso que ha tenido mayor repercusión mediática en nuestra comunidad es el de Jerez de la Frontera. Comenzaba con unas pintadas ofensivas hacia el Islam y los musulmanes en dos centros islámicos de la localidad. Unas pintadas rechazadas por la comunidad musulmana de Jerez, que representa a unas 800 personas en la localidad.

Iniciada la investigación para encontrar a los responsables de estas pintadas, cinco días más tarde, aparecen otras con la palabra "yihadistas" en un convento de la localidad jerezana. Además se lanza un cóctel molotov y hieren con un objeto punzante a un policía nacional. Según algunos testigos, tres personas estarían implicadas en este suceso.

Dentro del mismo contexto, se han producido más pintadas de este tipo en Jaén, donde el centro cultural Al-Andalus también aparecía con pintadas el día 13 de enero. “Islam fuera de Europa” es lo que podía leerse en sus paredes.

Un vistazo a la hemeróteca nos recuerda más casos similares en municipios andaluces, en cuanto a la confrontación entre dos comunidades. A comienzos del pasado julio, en la localidad sevillana de Estepa, donde parte de los vecinos y vecinas se manifestaban contra la delincuencia en el municipio. Sobre todo, por una oleada de robos en viviendas. Las protestas derivarían en un brote de violencia en la localidad, con el asalto e incendio de seis viviendas, todas de integrantes la misma familia. El hecho de que esta familia fuese de etnia gitana serían calificado por algunos grupos y medios de difusión como ataques racistas y ponían el acento en el carácter étnico, el origen gitano de la familia sobre la que desataba la violencia.


Aunque la mayoría de estepeños y estepeñas señalaban que no se trataba de “racismo”, sino que se trataba de reacción hacia una familia concreta y que los actos vandálicos eran consecuencia de la sensación de desamparo por la inacción por parte de las fuerzas de seguridad para detener esa oleada de robos en viviendas. Sin embargo, algunas organizaciones gitanas pedían entonces que se investigara si también tuvieron lugar hechos que pudieran ser considerados como delitos de odio racial durante esos días de julio del año pasado en Estepa.

Otro caso similar contra integrantes de la comunidad gitana se viviría en 2005 en la Sierra de Huelva, en Cortegana, tras el homicidio de un habitante de la localidad. Tras una marcha convocada por el propio ayuntamiento, con el lema ”Por un pueblo más seguro. Justicia.”, a la que acudían unos 2 mil corteganeses y corteganesas de los 5 mil que habitan en la localidad. Tras ella, aproximadamente la mitad de los manifestantes se dirigieron a Las Eritas, el barrio en el que reside la mayoría de la población de etnia gitana de este municipio onubense. El propio alcalde y el subdelegado del Gobierno en Huelva en aquel entonces, Manuel Bago, coincidían en que muchos de los manifestantes se dejaron llevar "por confusión" hacia las viviendas de los gitanos encabezados por "grupúsculos" con ánimos de venganza.

 

Aunque el que más trascendencia pública y mediática tendría en su momento fue el de El Ejido, municipio almeriense en el que la agricultura de invernaderos conforma la base de su economía. Nos situamos en el año 2000, en plena bonanza económica. Miles de personas procedentes del Magreb y del África subsahariana, en su mayoría, acuden durante la temporada de recogida para trabajar en los invernaderos de la provincia, que demandaba entonces una gran mano de obra para labores en las que, en esa España de bonanza, no quería trabajar casi ningún español -recordemos que la tasa de paro no llegaba al 10 por ciento-. El homicidio de una joven de la localidad, el tercero en dos semanas,  tendría como consecuencia una oleada de disturbios, enfrentamientos con la policía y asaltos de casas y locales como no se recuerda en la historia reciente de Andalucía