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#50EdicionesDiversasAD
Jueves, 30 Abril 2015 09:58

Todo lo que pasa por la radio

Micrófono Micrófono (cc) Elena Pérez / Flickr.com
Por 

Cuando me pongo frente a un micrófono me transformo. Es una metamorfosis mágica porque, quienes me conocen de verdad saben que no soy tan extrovertida como puede parecerle a quien escucha. Inspiro fuerte unas cuantas veces; abro y cierro la boca, bebo agua y dejo que la sintonía me envuelva para empezar esa conversación íntima que los locutores mantenemos con los oyentes.

La primera vez que hablé por la radio tendría unos ocho o nueve años. En mi cole montaron una especie de estudio- no recuerdo si formaba parte de algún programa especial de alguna emisora de esas que de vez en cuando salen de gira-. Yo tenía dos intervenciones ¡dos! Leía un reportaje sobre los Pinsapos de Málaga (probablemente solo fueran un par de párrafos) y hacía una entrevista a un alumno nuevo que había llegado ese año al cole procedente de Barcelona. Había repasado mil veces mi pregunta (sólo le hacía una) y me había leído un millón de veces el texto de los pinsapos, pero recuerdo que estaba como un flan. Creo que ese fue el origen de mi amor por la radio.

Al poco tiempo, no sabría precisar, volvió a ir la radio a mi pueblo. En esa ocasión sí recuerdo que fue la Cadena Cope ¡la que escuchaba mi abuela! Montaron el estudio en una plaza y también participé leyendo algo. Inmaginaos mi emoción al conocer a los locutores... Y así, poco a poco, me hice mayor y me fui a estudiar y a la Universidad de Málaga venían muchas emisoras a hacer sus programas. Los Desayunos de RTVE, Protagonistas de Onda Cero, La Gramola de M80, Gomaespuma, Hoy por Hoy, el de Gabilondo... y así fui conociendo cómo se hacía la radio en directo y a algunos de mis comunicadores favoritos.

Por supuesto, en mi época de estudiante hice radio. Un grupo de compañeros realizábamos un programa en una emisora municipal. Los nervios, el respeto, el miedo y el amor volvían a mí antes de iniciar cada edición. Esta vez me lo tomaba como la que podía ser mi profesión y quería hacerlo lo mejor posible. Y comprendí la importancia del guión, de preparar bien los temas, de modular la voz, de ser sencilla y, sobre todo, el respeto hacia los oyentes.

No se ven. En la radio estás sola, con tus papeles, tu micrófono, algún invitado y, a veces, algún compañero. Pero los destinatarios de tus palabras no están allí. No puedes ver sus reacciones y no sabes si están entendiendo lo que dices, si les está interesando, si están de acuerdo... De todos modos están. Hablas para ellos y ellas. Compartes con ellos y ellas momentos de complicidad, de intimidad y de soledad.

En mi familia hay grandes oyentes. Casi todos nos movemos con un transistor encima. Lo llevamos para que nos haga compañía. Nos cuente el mundo, nos haga bailar, nos haga llorar de impotencia o de alegría, nos lleve de viaje, nos hable del pasado o del futuro, nos haga reír y callar ante la grandeza y la mezquindad de la humanidad. Porque todo lo que pasa, pasa por la radio.