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Miércoles, 22 Junio 2016 21:35

Javier Moreno Banda: “Las empresas no deberían mirar la discapacidad como un obstáculo”

Javier Moreno Banda Javier Moreno Banda
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La Constitución española, en su artículo 49, reconoce el derecho de tratamiento, atención especializada e integración de las personas que sufran una discapacidad física, sensorial o psíquica. De hecho, ya en 1982 aparecía en nuestro país la primera Ley de Integración Social de los minusválidos, en la cual se establecen una serie de mecanismos para facilitar la integración laboral de las personas con discapacidad. Sin embargo, en la práctica esto no se cumple. “Hay muchas leyes, muchas cosas puestas sobre el papel que luego no se llevan a la práctica”, admite Javier Moreno Banda, compañero periodista que conoce de primera mano lo difícil que es acceder al mercado laboral cuando se sufre una discapacidad. Con él estuvimos hablando en Andalucía Diversa.

“A día de hoy, todos los partidos políticos tienen en sus programas electorales tienen un apartado en el que se dirigen a las personas con discapacidad, aportan medidas pero estas luego no se llevan a la práctica”. Un ejemplo: la legislación española requiere reservar el 2% de los puestos de trabajo de empresas con más de 50 trabajadores a personas con discapacidad. Pues bien, según el informe anual del Observatorio sobre discapacidad y mercado de trabajo en España (Odismet), de la Fundación ONCE, hasta el 80% de las empresas españolas no cumplen esta cuota. Una opinión que comparte nuestro invitado, Javier Moreno Banda. “Por mi experiencia personal, para trabajar en una empresa ordinaria, que no sea un centro especial de empleo o entidad social, lo tenemos realmente difícil”. De hecho, según este estudio de la Fundación ONCE, sólo una de cada cuatro personas con discapacidad en nuestro país se encuentra actualmente trabajando. Y las que lo están lo hacen en “unas condiciones laborales que dejan muchísimo que desear”, como admite nuestro invitado. Los datos refrendan su opinión. El 16% de los discapacitados que trabajan reciben un salario inferior al de sus compañeros y los nuevos contratos se caracterizan por su inestabilidad, más del 90% son temporales, y precariedad, con un 39% trabajando a tiempo parcial. Todo ello hace que hasta el 30% de las personas con discapacidad en nuestro país se encuentre actualmente en riesgo de pobreza o exclusión social, incluyendo a un 15% de personas que se encuentran en esta situación de riesgo a pesar de estar actualmente trabajando.

“Hay discapacidades que tienen más fácil la inserción laboral y hay otras que lo tienen mucho más complicado”, afirma Javier, quien en su experiencia ha visto cómo la discapacidad intelectual “tiene mucho más fácil la inserción laboral” frente a los problemas de personas con discapacidades físicas, como es su caso. “En cuanto te ve la discapacidad el de la entrevista lo tienes ya muy difícil”, se queja Javier, que critica que “por el simple hecho de tener una discapacidad, las empresas ya tienen el chip puesto de que no vas a rendir igual, tienes más facilidad para ponerte enfermo, vas a estar más tiempo de baja y una serie de cosas que te van menoscabando”. En este sentido destaca que el problema no es tanto de la Administración Pública, que saca leyes que luego no se cumplen, sino de las empresas, “que no cambian” y que temen contratar personas con discapacidad por los problemas que llevan asociados. Él mismo fue despedido el día después de sufrir un problema de salud que se agravó por su condición.

“Las empresas deberían cambiar el chip y decir pues mira, tienen una discapacidad pero son personas igual de válidas que cualquier otra”

El lenguaje, por otro lado, es un campo en el que en los últimos años se ha avanzado por la igualdad y el respeto. Así, términos habituales o políticamente correctos hace quince o veinte años, como minusválidos, se han ido sustituyendo por otros menos peyorativos como discapacitados. Avances que, si bien no son tan importantes como los relacionados con la igualdad real y práctica, sí que suponen una mejora en la sensibilización y el respeto. “El término de minusválido, como su propia etimología indica, te está diciendo que eres menos válido. Por eso, lo más correcto es decir persona con discapacidad o, en su defecto, discapacitado o discapacitada”. Eso sí, hay un término que según nuestro invitado le molesta aún más: inválido. “Directamente te dicen que no vales nada, esa sí que es totalmente despectiva”. El hecho de que el cambio de términos sea tan reciente hace que muchas personas, mayores y no tan mayores, sigan usando el término de minusválido, por lo que “está en ti el ver si lo dice en un tono despectivo o no”.

En cuanto a la accesibilidad de la arquitectura o de las ciudades, Javier se muestra muy crítico. “Se ha mejorado mucho la accesibilidad con el paso de los años, pero sigue habiendo cosas que no se entienden”, y pone como ejemplo algunos cruces de carretera con medianas con escalones o edificios públicos sin ascensores. En cuanto al turismo sostenible, también denuncia que muchos sitios que se ofertan bajo esta premisa luego “sólo disponen de unas cuantas rampas en las zonas comunes y ya está”. En este sentido, “se ha hecho mucho pero también queda mucho por hacer”.

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