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Revista Digital

Alergias
Jueves, 31 Marzo 2016 10:37

El engaño de las fresas de Ricardo III y las alergias en la historia

Ricardo III Ricardo III Anónimo. Derechos públicos UE.
Por 

Las alergias son una enfermedad que han acompañado a los seres humanos a lo largo de prácticamente toda su historia. En esta edición, nos centramos en recuperar la historia de tres grandes figuras de su tiempo que padecieron alergias: el faraón Menes, el emperador Augusto y Ricardo III. En este artículo realizaremos un viaje desde el antiguo Egipto hasta la Inglaterra del siglo XV, para acabar intentando comprender junto a Shakespeare la trama que urdió Ricardo para conseguir que lo nombraran rey. Esperamos que os guste. 

En lo que se refiere a los síntomas asociados con las reacciones alérgicas en sus distintas vertientes hemos encontrado una gran documentación que las identifica desde un periodo muy antiguo, lo que nos indica que se trata de una acepción común en el ser humano tal y como la experimentamos en la actualidad.

Estamos lejos de querer provocar el tipo debate de si estas reacciones se han incrementado con la acción incontrolada del ser humano en su entorno, especialmente del siglo XIX en adelante. Lo que sí podemos asegurar, a partir de las fuentes que hemos consultado para la redacción de este artículo, y que podrán encontrar al final del mismo, es una amplia documentación que refiere a procesos de anafilaxia desde periodos muy remotos.

El primer registro de un caso de anafilaxia es del faraón Menes, de Menfis, quien supuestamente falleció a consecuencia de una picadura de avispa, en el año 2,640 antes de nuestra era.

Más de 2.600 años más tarde, al inicio de nuestra era, nos encontramos con el emperador Augusto, a partir del cual se iniciaría el Imperio Romano, y del que constan escritos que recogen que presentaba un catarro crónico en la primavera que le causaba dificultad para respirar y afecciones en la piel.

Eso son los dos primeros casos, documentados de alergias. Pero si de reyes y emperadores con alergias se trata, el que se lleva la palma sin lugar a dudas es Ricardo III. A este monarca británico el último monarca de la casa de York, se le atribuye una trama maquiavélica para hacerse con el poder y se proclamado rey, en el que su alergia a las fresas jugó un papel fundamental. El propio Ricardo conocía los efectos en su cuerpo del consumo de fresas y determinados frutos rojos, y no dudó en exponer su vida al efecto de la anafilaxia para acabar con sus enemigos.

Nos imaginamos que estamos viendo la obra de Shakespeare Ricardo III. En la escena están presentes los principales nobles ingleses, Ricardo ha sido nombrado protector del reino tras la muerte de su hermano Eduardo IV, pero su viuda trama para hacerse con el poder. Hastings, es un noble que cuenta con una gran influencia y podría evitar el nombramiento de Ricardo como rey.

RICARDO.- … Milord de Ely, la última vez que estuve en Holborn vi unas magníficas fresas en vuestro jardín. Os ruego me enviéis algunas. 

ELY.- A fe y voluntad, milord, con todo mi corazón. (Sale Ely.)

(…)

RICARDO.- Ruego a todos que me digáis: ¿qué merecen los que traman mi muerte, valiéndose de medios diabólicos de condenada hechicería, y que se han apoderado de mi cuerpo con sus infernales maleficios? 

HASTINGS.- Milord, el tierno afecto que profeso a Vuestra Gracia me autoriza, más que a ningún otro de esta ilustre asamblea, a condenar a los culpables. ¡Quienesquiera que sean, digo, milord, que merecen la muerte!

RICARDO.- ¡Entonces, que vuestros ojos sean testigos del mal que se me ha hecho! ¡Ved cómo estoy embrujado! ¡Mirad mi brazo, seco como un retoño marchito por la escarcha! ¡Y ha sido la esposa de Eduardo, la monstruosa bruja, que en complicidad con esa abyecta puta Shore, ha usado de sus artes mágicas para señalarme así! 

HASTINGS.- ¡Si han cometido tal acción, noble milord...! 

RICARDO.- ¿Sí?... ¡Tú, protector de esa infame puta!, ¿vas a hablarme de si es...? ¡Eres un traidor! ¡Cortadle la cabeza! ¡Pronto, por San Pablo! ¡No comeré hasta haberla visto! ¡Lovel y Ratcliff, ved que se ejecute! ¡Los demás que me estimen, que se levanten y me sigan! 

(Salen los del Consejo con Ricardo y BUCKINGHAM.)

 

 

 

RICARDO.- … Milord de Ely, la última vez que estuve en Holborn vi unas magníficas fresas en vuestro jardín. Os ruego me enviéis algunas.

 

ELY.- A fe y voluntad, milord, con todo mi corazón. (Sale Ely.)

 

(…)

 

RICARDO.- Ruego a todos que me digáis: ¿qué merecen los que traman mi muerte, valiéndose de medios diabólicos de condenada hechicería, y que se han apoderado de mi cuerpo con sus infernales maleficios?

 

HASTINGS.- Milord, el tierno afecto que profeso a Vuestra Gracia me autoriza, más que a ningún otro de esta ilustre asamblea, a condenar a los culpables. ¡Quienesquiera que sean, digo, milord, que merecen la muerte!

RICARDO.- ¡Entonces, que vuestros ojos sean testigos del mal que se me ha hecho! ¡Ved cómo estoy embrujado! ¡Mirad mi brazo, seco como un retoño marchito por la escarcha! ¡Y ha sido la esposa de Eduardo, la monstruosa bruja, que en complicidad con esa abyecta puta Shore, ha usado de sus artes mágicas para señalarme así!

 

HASTINGS.- ¡Si han cometido tal acción, noble milord...!

 

RICARDO.- ¿Sí?... ¡Tú, protector de esa infame puta!, ¿vas a hablarme de si es...? ¡Eres un traidor! ¡Cortadle la cabeza! ¡Pronto, por San Pablo! ¡No comeré hasta haberla visto! ¡Lovel y Ratcliff, ved que se ejecute! ¡Los demás que me estimen, que se levanten y me sigan!

 

(Salen los del Consejo con Ricardo y BUCKINGHAM.)

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