logo de Andalucía Diversa

andalucíadiversa
Revista Digital

Alimentación y Salud
Jueves, 28 Mayo 2015 10:56

Las sustancias nocivas en la cadena alimentaria

Por 

El campo de la Física que estudia la energía señala dos ideas clave: que la energía ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, y que toda la energía que existe en el Universo procede del Big Bang. Y es una idea clave porque sitúa al ser humano, como cualquier ser vivo, como un organismo que, entre otras capacidades, tiene la de consumir unos nutrientes para transformarlos en la energía que necesita para sus actividades vitales y calor, fruto de esa transformación.

El ser humano es un eslabón más de la cadena trófica, aunque es un eslabón peculiar, ya que es la especie que consume una mayor variedad de alimentos y de orígenes más diferenciados. En unas formas de agricultura y ganadería industrial como las que se practica en la actualidad, hay que tener en cuenta que cuando comemos, no sólo estamos comiendo una pieza de fruta o verdura, o un filete de carne o pescado, por ejemplo, sino que de alguna forma también estamos ingiriendo las sustancias de las que en algún momento se nutrió en su vida vegetal o animal.

De estas sustancias, hay algunas que son nocivas para el organismo y que se introducen en algún eslabón de la cadena trófica y que se mantienen en la cadena hasta llegar al eslabón humano. Por ejemplo en la alimentación animal, en los fertilizantes que se utilizan en la agricultura o incluso por la propia acción de la actividad humana que, al contaminar sus ecosistemas tiene como efecto que parte de esa contaminación, de esas sustancias nocivas, lleguen al organismo por la alimentación.

De hecho, la Directiva 2002/32/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 7 de mayo de 2002 sobre sustancias indeseables en la alimentación animal, entre otras consideraciones,afirma que: "Es imposible excluir totalmente la presencia de sustancias indeseables, pero al menos importa reducir su contenido en los productos destinados a la alimentación animal, teniendo debidamente en cuenta el importante grado de toxicidad de la sustancia, su bioacumulabilidad y su biodegradabilidad, a fin de impedir la aparición de efectos indeseables y nocivos. Actualmente, no es apropiado fijar esos contenidos por debajo del umbral de detección por medio de los métodos de análisis, que habrán de definirse para la Comunidad."

En la lista de sustancias nocivas para la alimentación animal se encuentran el Arsénico, Plomo, Flúor, Mercurio, Nitritos, Cadmio, Aflatoxina b1, ácido cianhídirco, gosipol libre, teobrominia, algunas mostazas y sus esencias volátiles de la mostaza, Viniltiooxazolidona, cornezuelo de centeno, el ricino, las dioxinas, el DDT y los compuestos del cloro, entre otras. Como señala la Unión Europea, por la propia actividad humana es casi imposible que no lleguen algunas de estas sustancias a nuestro organismo, por lo que el esfuerzo está sobre todo en que sea dentro de unos límites asumibles. Como forma de minimizar el impacto de estas sustancias sobre nososotros y nosotras, es muy importante fijarse en la composición de los alimentos, su origen o su trazabilidad (que es la posibilidad de seguir el rastro del alimento desde que se comienza a cultivar o criar hasta que llega a la mesa).

Otra forma de minimizar el impacto de sustancias nocivas sobre nuestra salud es la forma de producción, por ejemplo, que sea ecológica. Cualquier producto ecológico en la Unión Europea debe llevar el logo de la Ecohoja. En el caso de las frutas y verduras ecológicas, supone que no es un alimento transgénico y que no se han utilizado fertilizantes ni plaguicidas químicos para su producción. Si se trata de explotaciones ganaderas, se tiene en cuenta el bienestar del animal, que no haya tomado productos químicos –como medicamentos que no sean naturales-, y su tipo de comida, que no deben tomar ningún pasto que lleve productos químicos.

Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, "los productos orgánicos certificados son aquellos que se producen, almacenan, elaboran, manipulan y comercializan de conformidad con especificaciones técnicas precisas (normas), y cuya certificación de productos orgánicos corre a cargo de un organismo especializado. Es importante señalar que la etiqueta de calidad orgánica se aplica al proceso de producción, y garantiza que el producto se ha creado y elaborado en forma que no perjudique al medio ambiente."

Muchas veces se confunden los términos biológico, orgánico y ecológico, porque son considerados de forma similar en cuanto a términos legales, pero hay matices:

- Por lo general, la etiqueta 'ecológico' se utiliza para reafirmar que el producto proviene de un sistema de producción medioambientalmente respetuoso.
- El término 'biológico' o 'bio' subraya que el producto no ha sufrido alteraciones genéticas.
- Y por último, la palabra 'orgánico' resalta que el producto está libre de transgénicos y pesticidas que pueden alterar el producto final.