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Revista Digital

Andalucía en el exterior
Martes, 28 Febrero 2017 13:01

Ante los muros de indiferencia, las mareas solidarias

Cooperante andaluza con niñas saharauis en Tinduf Cooperante andaluza con niñas saharauis en Tinduf Alejandro Perales Acedo
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Hay personas cuyos nombres no son conocidos pero que a día de hoy son el testimonio en el exterior de una Andalucía solidaria, crítica y responsable. Personas voluntarias que ofrecen parte de sí mismas para ayudar a otras que afrontan situaciones difíciles. Es la marea solidaria andaluza cuyas olas llegan a diversos lugares del mundo y que a día de hoy son el máximo exponente de la máxima "Andalucía para la humanidad".

El pueblo saharaui es un que ha tejido lazos sólidos y cercanos con el pueblo andaluz. Los programas de acogida de menores saharauis era la cara más visible, pero no la única. Los programas de cooperación internacional han sido frecuentes y desde Andalucía han partido numerosos grupos de personas a trabajar en los campos de refugiados de Tinduf, en la frontera suroccidental del desierto argelino.

Esta relación de hospitalidad y acogida, tanto por parte de las familias andaluzas que acogían a los niños que vivían en los campos de refugiados menores refugiados en Andalucía como la que recibían principalmente jóvenes que iban a ayudar sobre el terreno, se ha desarrollado durante años, en muchos casos ha tejido lazos de cercanía familiar y de amistad y la sociedad andaluza normalmente se ha mostrado receptiva a estas relaciones entre ambos pueblos.

Cuando en Lesbos comenzaban a llegar personas refugiadas desde oriente, desde el occidente del Mediterráneo también llegaban personas para contribuir a mejorar sus situaciones de vida. Y a esas dificultades tuvieron que sumarse los obstáculos puestos desde las administraciones. Hasta 10 años de cárcel llegaron a pedir para tres bomberos sevillanos de PROEMAID por vulnerar la Ley de Extranjería y también por portar armas: tres navajas. Cuando se les apresó ejercían labores de rescate en altamar. Fueron la cabeza visible en Andalucía de un movimiento cuyo motor era ayudar a otras personas a las que no conocían, de las que nada sabían pero a las que les unía el lazo invisible de la fraternidad.

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Este caso, además, visibilizó otras tareas más silenciosas que se estaban llevando a cabo en este contexto como la provisión de ropa, alimentos y tiendas, las tareas logísticas. Viviendo de cerca situaciones de emergencia humanitaria, como Haití, Balcanes y más recientemente Lesbos, el jurista Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional, también muestra su crítica al hecho de tener que hacer estas tareas: "La principal necesidad es que no tienen por qué echarse al mar, la principal necesidad es que Europa no debe seguir empujando a esta gente a que su único modo de entrar en la Unión sea dejándose la vida y por 6 kilómetros esa gente se juega la vida".

La mal llamada "crisis de los refugiados" (¿no será "crisis de la UE?", como señalaba recientemente Sami Naïr) ha ido relegando su protagonismo mediático y la llegada de personas se reduce. Pero hay otras crisis que se van relegando al olvido, pero que permanecen latentes y no tienen visos de mejora.

Lesbos, por la proximidad, o Sahara Occidental, por diferentes lazos históricos y culturales, son dos de los lugares que se pueden destacar hasta donde ha llegado esta marea. Desgraciadamente, en muchos lugares del mundo la ayuda es necesaria, las problemáticas dispares y los programas y proyectos que desarrollan entidades y personas voluntarias procedentes de Andalucía son numerosos, aunque los recortes a las partidas económicas destinadas a cooperación internacional han pasado factura.

En una edición en la que indagamos en las huellas de Andalucía en el exterior, cabe preguntarse sobre quién nos representa en el exterior y la huella que deja. Siguiendo esas huellas encontraremos nuestra definición como pueblo respecto a otros pueblos del mundo.