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Andalucía en el exterior
Jueves, 23 Febrero 2017 22:48

La historia de la Andalucía negra

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Tradicionalmente se identifica a Andalucía como fruto de tres culturas: castellana, sefardí y andalusí. Sin embargo hoy podemos señalar que si nos quedamos con estas tres estamos incompletos. La cuarta puede ser más evidente: la cultura gitana. Pero hay una quinta más oculta que está prácticamente olvidada, aunque fue una parte imprescindible durante muchísimos siglos y que llegó incluso a suponer entre un 10% y un 20% de la población: la población negra.

 Ya en 1999 un investigador del Centro de Estudios Históricos de París, Alessandro Stella, señalaba lo siguiente: “Muchos andaluces son descendientes de negros esclavos”. En unas jornadas organizadas en Sevilla en ese año, diversos expertos se dieron cita bajo el siguiente nombre: “Los africanos en los mundos ibéricos”. Berta Ares, coordinadora de las jornadas, señalaba que “Los negros africanos ya estuvieron aquí y no se fueron. Están en nuestra cultura y en nosotros”. Estas afirmaciones chocan mucho con la idea más arraigada en el ideario colectivo, la de Andalucía como Castilla Novísima. Nosotros, los emigrados llegados de las Castillas expulsamos a las razas y culturas preexistentes y somos todos descendientes de cristianos viejos. Como estas cuestiones no suelen ser nunca blanco o negro al cien por cien.

El pasado 3 de diciembre se celebró una jornada en Bollullos de la Mitación llamada “Las cinco fuentes de la identidad andaluza”, organizada por la Asamblea de Andalucía. Con introducción del Catedrático de Antropología Isidoro Moreno, tuvo una parte reservada a la cultura negra a cargo del músico y antropólogo Raúl Rodríguez. El olvido de esta parte la cultura histórica andaluza puede justificarse en su opinión, porque “el delito es muy tremendo. Hay constancia de esclavos subsaharianos en Al-Andalus desde el siglo IX”. La presencia de personas de raza negra en Andalucía fue una constante prácticamente hasta el siglo XIX e incluso llegaron a suponer el 15% de la población y más de un 20% en Cádiz. Pero, ¿qué paso con ellos?

La gran mayoría murió sin descendencia, pero otra parte se diluyó con la población de otras razas, perdiéndose con el tiempo. Sin embargo, en Huelva hay un ejemplo donde la población negra se mantuvo hasta el siglo XX. En la localidad de Gibraleón el número llegaba a los doscientos. “Como no se ven ahora, claro... La gente dice 'bueno, ¿pues dónde están?”, afirma Raúl Rodríguez. “Yo tengo dos niñas mulatas. Mi niña grande es un poco más oscura de piel y mi niña chiquitita es prácticamente blanca de piel. Ya en la primera generación de mezclados. ¿Qué no sucederá cuatro o cinco generaciones después, si esa hija sigue mezclándose. Hay muchas cosas que pensamos que tenemos que verlas.”

Según Raúl Rodríguez, la cultura también se mestizó y dio como resultado nuevas fórmulas y expresiones artísticas: “La presencia negra en el flamenco se ha callado todo lo que se ha podido. La sarabanda es el primer baile que marca los doce tiempos, que lo traen justamente los esclavos. Es el primer tiempo que se hace super popular entre las clases blancas castellanas y andaluzas. Se baila con tanta gracia y se mueve el culo con tantísimo descaro que se llega a prohibir. El baile cambia de nombre pero el compás se mantiene. Todavía hoy tenemos eso en la soleá, en la bulería, en los fandangos y en la seguirilla.”

 

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