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Miércoles, 17 Junio 2015 13:56

Riego, el alzamiento de Las Cabezas y el avance liberal

Ahorcamiento de Riego Ahorcamiento de Riego Grabado via ArteHistoria.com
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El 7 de noviembre de 1823 murió ahorcado el general Rafael de Riego, cuyo pronunciamiento en la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan contra la monarquía absolutista de Fernando VII marcó el devenir del siglo XIX español. Hoy nos centramos en su figura y en las consecuencias que el renombrado alzamiento de Las Cabezas tuvo en la España de inicios del XIX.

La vida del general Riego está marcada en todos sus matices por la invasión francesa de la península en época napoleónica. Durante la misma desarrolló su carrera militar y su posicionamiento contra los franceses provocó su encarcelamiento y posterior exilio. Curiosamente, el tiempo que vivió en el país vecino marcó para siempre su ideario político, al conocer de primera mano las tesis liberales que se imponían en Francia y, en diferentes fases, en prácticamente todo el continente. Con ello, cuando regresó a España tras la derrota francesa y fue reincorporado a la vida militar con el cargo de teniente coronel, era ya un liberal convencido que la senda que debía dirigir la política española estaba recogida en la Constitución de 1812, que el propio Riego llegó a jurar antes de que fuera revocada por Fernando VII.

El liberal convencido en el que se había convertido Riego tras su periplo en Francia no aceptó la decisión del monarca de derogar la Constitución y retornar a una monarquía absolutista. Por ello, durante los 6 años que duró la primera etapa del reinado de Fernando VII, que los historiadores han dado a llamar Sexenio Absolutista (1814-1820), participó de forma activa en los grupos que planeaban alzarse y reinstaurar la Constitución del 12.

Mientras que en el seno del ejército se gestaba esta confabulación liberal, Fernando VII se preparaba para afrontar las sublevaciones que las colonias de Ultramar habían ido protagonizando en los primeros años de la centuria. Para ello, se había reunido un importante contingente militar que tenía previsto zarpar hacia América para sofocar esa rebelión. Esa ayuda militar nunca salió de España, y en buen grado, fue responsabilidad de Riego, que inició el 1 de enero de 1820 la revuelta contra las fuerzas absolutistas, impidiendo que llegaran los refuerzos a América y facilitando la independencia de las distintas colonias.

Alzamiento en Las Cabezas de San Juan

Nada más iniciarse el alzamiento, el ejército de Riego recorrió toda Andalucía sin que se encontrara ningún tipo de resistencia, lo que ayudó a que Fernando VII se viera obligado a reinstaurar la Constitución de 1812, hasta 1823, poco antes de que el monarca, con el apoyo de los Cien Mil Hijos de San Luis, recuperara el poder y con él, el sistema absolutista.

Además de la instauración del sistema liberal en España, aunque fuera por tan sólo un trienio, no fue la única consecuencia de este alzamiento. El ejército que se había reunido en Las Cabezas de San Juan tenía como objetivo sofocar la rebelión de las colonias, algo que nunca sucedió, por lo que la iniciativa de Riego facilitó la independencia americana y el inicio del fin de lo que un día fue un imperio mundial, el Imperio Colonial Español que desde ese momento redujo notablemente sus posesiones y finalmente quedaría totalmente desmantelado en 1898.

Podríamos de esta manera afirmar, que el avance liberal y la pérdida de las colonias son las consecuencias de un asturiano que pasó por Andalucía y cambió para siempre nuestro devenir histórico y convirtió al hombre en mito de la revolución liberal.

Muerto por ahorcamiento

Finalmente, la historia del general como la historia de todo buen mito revolucionario, finaliza con la muerte tras la traición. Fueron sus propias tropas las que lo abandonaron cuando se refugiaban en la provincia de Jaén. Allí fue detenido y llevado a Madrid donde publicó una carta de arrepentimiento y súplica en la Gaceta de Madrid, con el objetivo de que se le conmutara la pena de muerte. Sin embargo no fue atendida, y finalmente el 7 de noviembre de 1823 fallecía entre el alborozo y los insultos de la misma ciudad que unos pocos años antes celebraba sus victorias.