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Elecciones

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Repasamos el panorama postelectoral y las posibilidades que existen, dentro del contexto político actual en el Estado español. Gracias a Cámara Cívica podemos desarrollar este análisis.

Durante los últimos dos años las urnas han hablado en varias ocasiones. Un tiempo que ha contado con el análisis del sistema electoral y el juego político de personas que son expertas académicas en la materia. En este artículo se recuperan algunas de estas reflexiones de Clara Grima, Juan Luis Manfredi y Miguel Jerez Mir.
Esa sería una de las explicaciones del desfase entre las tendencias que marcaban los sondeos de opinión y el resultado final de las urnas, según Pedro Nicolás, politólogo y miembro del colectivo Cámara Cívica con quien hemos analizado los resultados de la convocatoria electoral del 26 de junio. Incluso las encuestas que se hicieron a pie de urna y se publicaban minutos después del cierre de los colegios electorales dibujaban un resultado que poco tenía que ver con el que luego resultó del recuento real.
Durante un largo perido de nuestra historia el fraude electoral era algo común en nuestra política. Desde el bipartidismo de Cánovas y Sagasta hasta la dictadura de Primo de Rivera encontramos numerosos ejemplos de fraude electoral, el cual a su vez era asumido por la ciudadanía,la que podía votar, como parte del sistema político establecido. Y verdaderamente lo era. Por ello hablamos sobre el caciquissmo y el pucherazo, dos ejemplos de fraude que forman parte de nuestra historia. 
La victoria del Partido Popular en las últimas elecciones y los problemas que de nuevo encontrará para formar gobierno han resucitado la idea de la Gran Coalición, esto es, un gobierno formado por los dos principales partidos mayoritarios, PP y PSOE. El propio Mariano Rajoy es uno de los defensores de este pacto y desde el primer momento ha mostrado su disposición a un acuerdo con el partido socialista. En el acuerdo de gobierno también podría entrar la formación de Albert Rivera. Los partidarios de esta Gran Coalición ponen el ejemplo de otros países donde funciona, como Alemania y Austria, pero las características del sistema político español no son las de estos dos países, ni tampoco es el bálsamo milagroso para la estabilidad política, como nos quieren vender.
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