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Elecciones
Jueves, 30 Junio 2016 17:36

Coaliciones, campañas y aritmética electoral

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Durante los últimos dos años las urnas han hablado en varias ocasiones. Un tiempo que ha contado con el análisis del sistema electoral y el juego político de personas que son expertas académicas en la materia. En este artículo se recuperan algunas de estas reflexiones de Clara Grima, Juan Luis Manfredi y Miguel Jerez Mir.

Las técnicas para conseguir el voto. Marketing político

Se trata de aplicar los criterios del marketing comercial al ámbito de la sociedad, en líneas generales, y de la política en particular. Es decir, conocer bien el mercado, en este caso el electorado, tratar de averiguar cuáles son sus preocupaciones, sus gustos, sus tendencias y construir la campaña del producto, del partido en este caso, en función de los que los electores esperan oír y esperan encontrar; las respuestas que esperan encontrar a las dudas que se les plantean en la vida cotidiana". Juan Luis Manfredi, director del Departamento de Periodismo II de la Universidad de Sevilla, ya nos advierte previamente de que una definición del concepto de marketing político no supone una tarea fácil ni se trata de algo a lo que se haya llegado a un consenso entre los que, como él, están especializados en esta disciplina.

El ciberactivismo -o tecnopolítica- de los movimientos sociales ha servido como laboratorio para las estrategias de comunicación electoral. "Los partidos políticos están siempre atentos a lo que pasa a su alrededor. Cuando se dieron cuenta del peso que tenian en la construcción de la opinión pública las redes sociales se incorporaron inmediatamente... cuando vieron con el 15M la eficacia que tienen las convocatorias por ese camino, se incorporaron también. Los partidos normalmente utilizan herramientas que ya está comprobado que funcionan, no realizan experimentos".

Los números del sistema electoral

El método D'Hondt, llamado así por el matemático belga que lo inventó, es el que la ley electoral española reconoce como válido para representar en el Congreso de los Diputados los votos obtenidos por cada partido. Un método que no gusta a todo el mundo, ya que no es directamente proporcional, consolida a las mayorías en detrimento de las minorías y porque distingue entre provincias a la hora de cuantos votos necesita una candidatura para salir finalmente elegida.

A pesar de estas críticas al método D'Hondt, Clara Grima doctora en matemáticas por la Universidad de Sevilla y divulgadora, lo defiende porque "en realidad el problema de la no proporcionalidad de los votos tiene muy poco que ver con el sistema D'Hondt. Tiene más que ver con el hecho de que existan circunscripciones porque el método D'Hondt de reparto es bastante justo... no del todo, pero a poco que lo piense uno es imposible hacer un sistema totalmente justo porque tenemos que repartir millones de votos entre 350 diputados y, evidentemente, nunca va a salir un número justo a no ser que pudiéramos tener tantos diputados como votantes o a no ser que le asignáramos a cada parlamentario tantos votos como de verdad han recibido en las urnas. Como eso no puedo ser, lo que utilizamos para repartir los votos de manera bastante proporcional es el sistema D'Hondt".

Las coaliciones

Los constituyentes diseñaron la norma básica para tratar de evitar los errores de la II República y uno de ellos es que impedía la formación de gobiernos estables. Con los resultados electorales que han arrojado hasta ahora las elecciones siempre, aunque sea acudiendo a una segunda votación en la investidura, se ha podido formar gobierno". Miguel Jérez Mir, catedrático de Ciencias Políticas y director del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada aporta una clave para entender por qué este planteamiento llama tanto la atención. Y es que el sistema electoral español, basado en el Sistema D'Hondt, favorece la formación de mayorías parlamentarias; así, sin alcanzar la mayoría absoluta de votos, un partido puede alcanzar la mayoría absoluta en escaños.

Respecto al contexto europeo, afirma que el de Alemania es un caso que no puede ser trasladado a otras situaciones similares que se reproducen en Europa, en cuanto a coaliciones de los partidos mayoritarios, ya que forma parte de la tradición histórica y a las características de su sistema electoral. Más parecido al caso español percibe el de Grecia porque, como en España, en el país heleno "se han alternado los dos grandes partidos desde mitad de los años 70 y un tercer partido se llega a convertir en alternativa real de gobierno... en este caso, ha sido una vía para intentar vender a los ciudadanos griegos las medidas económicas drásticas adoptadas". Otros casos en los que aparecen este tipo de alianzas, como en los que se producen para contrarrestar los avances de partidos ultraderechistas, tampoco los asimila al caso español, donde este tipo de formaciones tienen un respaldo muy minoritario

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