logo de Andalucía Diversa

andalucíadiversa
Revista Digital

Exclusión Social
Miércoles, 12 Noviembre 2014 13:28

La historia del hombre, la historia de la exclusión social

Indianos esclavizados por solados. Indianos esclavizados por solados. www.commons.wikipedia.com
Por 

Tristemente, la historia de la humanidad está ligada a la historia de la exclusión social. Un breve repaso a nuestra historia social, a la forma en la que nos hemos organizado durante prácticamente toda nuestra historia, nos demuestra que desde siempre, los hombres se han intentado imponer a sus semejantes por cuestiones económicas, raciales, sociales o de cualquier otra consideración, y han apartado del entramado social a grupos de seres humanos que por estos motivos consideraban inferiores o no dignos de la protección y comprensión del resto de la sociedad.

Así, si repasamos de forma somera las estructuras sociales desde la Antigüedad, y utilizando del análisis marxista-engeliano, nos encontramos un proceso de evolución histórica en la que se hacen dos divisiones: Por un lado la estructura económica, situada en la base de la configuración social y que recoge los modos de producción y la relación económica de los seres humanos, y por otro la superestructura ideológica, que recogería el corpus social y cultural que se sitúa sobre esas relaciones económicas básicas.

Así, bajo esta perspectiva, encontramos que durante la Edad Antigua, que coincide básicamente con la expansión de las civilizaciones egipcia, mesopotámica, griega y romana, esa estructura económica se sustentaba sobre un sistema esclavista. De esta manera, la base económica de estas civilizaciones estaba sustentada por el trabajo de una amplia mayoría de personas que eran consideradas como esclavas, y sobre las cuales recaía el peso más importante de la producción económica.

Esta situación se mantuvo hasta que finaliza el Imperio Romano y se generalizara durante el periodo que conocemos como Edad Media, un tipo de relación social que se basaba en el vasallaje. De esta manera, se establecían tres estamentos: La nobleza, el clero y el pueblo. La nobleza se relacionaba entre sí a partir de situaciones de vasallaje, por el cual un noble recibía una serie de tierras de parte del Rey a partir de la firma de un contrato que lo obligaba a poner sus tropas a beneficio de este cuando lo necesitara. Mientras, los campesinos y campesinas, que constituían la inmensa mayoría de la población, apenas tenían capacidad de decisión, eran adheridos a la propia tierra, impidiéndoles su movilidad geográfica, y estaban al criterio de las decisiones del señor feudal, que a cambio tenía la obligación de defenderlos en el caso de que sufrieran ataques de otros nobles.

Finalmente ese sistema económico que hemos denominado de producción feudal y que al igual que el esclavista se fundamentaba sobre la exclusión de una inmensa mayoría de la sociedad en beneficio de un pequeño grupo de personas, los nobles y el clero, que eran quienes disponían de todas las prerrogativas de poder, evolucionó a partir del inicio de la Edad Moderna hacia un sistema de transacciones capitalistas que cristalizaría en la Revolución Industrial con el desarrollo e implantación del liberalismo económico y político.

Sin embargo, este nuevo sistema, si bien ha supuesto un importante avance en la inclusión de un grupo importantes de personas dentro de los beneficios que genera la sociedad en su conjunto, trajo el nacimiento de una nueva clase social, que al igual que los esclavos de la época Antigua, o los campesinos de la Edad Media, sufren la exclusión social debido al cambio de los sistemas productivos y a la alienación de la fuerza de trabajo.
Esta situación comenzó a matizarse a partir de la Edad Contemporánea y mejoró ostensiblemente con el final de la II Segunda Guerra Mundial y la aparición de las tendencias socialdemócratas de redistribución de la riqueza dentro del propio sistema capitalista, y que con correcciones, ha sido el imperante hasta la fecha.

 

Revolución del Pan y el Queso

Una vez hemos realizado esta revisión histórica en la que nuestra tesis principal es que la humanidad, en su historia, ha crecido a partir de las desigualdades y de la exclusión de los beneficios del progreso de una serie de individuos (las elites económicas y políticas) a partir de la explotación o exclusión del resto, vamos a centrarnos en un movimiento de reacción de esas clases sociales excluidas. Podríamos poner muchos ejemplos, pero hemos preferido centrarnos en uno que acaeció en la Andalucía del siglo XIX y que se ha dado a conocer como la revolución del queso.

El campesinado andaluz, durante prácticamente todo el siglo XIX, no tenía más opción que debatirse entre dos elecciones vitales: la condena al subdesarrollo de un campo poco productivo, con una propiedad de la tierra concentrada en las manos de la nobleza y el clero que en mucho casos mantenían las relaciones sociales medievales; o bien la emigración o exilio económico en busca de una vida mejor.

Ante situación, el levantamiento de Rafael Pérez del Álamo (Loja, 1829 – Arcos de la Frontera, 1911) en su ciudad natal el 28 de junio de 1861, proporcionaba a los miles de campesinos y campesinas de Andalucía una tercera opción que durante todo el siglo parecía reservado a los liberales burgueses: el alzamiento.

Efectivamente, durante toda la centuria, plagada de guerras civiles y alzamientos militares, estos casi siempre fueron protagonizados por militares en representación o adscritos a una línea ideológica liberal-burguesa, que pretendían impulsar cambios políticos en las élites que dominaban los recursos del poder, pero que olvidaban de forma consciente las repercusiones que esas políticas y guerras tenían en un población mayoritariamente dedicada a las labores del campo, empobrecida y malnutrida.

Esta situación, unida a la consolidación en el poder de gobiernos de corte conservador, que se reflejaba en la subida de cargas impositivas y el freno del proceso de desamortización del campo, llevó al primer alzamiento de campesinos con un marcado carácter ideológico: democrático-republicano, tal y como confirmaría el propio Pérez del Álamo en su correspondencia con Benito Pérez Galdós.

El levantamiento denominado del Pan y el Queso comenzó en Loja al grito de “Viva la República y muera la Reina” y se extendió hasta poblaciones como Íznajar y Archidona hasta que finalmente fue aplastado por el general Serrano. Su instigador fue apresado y recluido en Madrid hasta que finalmente se le indultó y confinó en la localidad gaditana de los Arcos de la Frontera donde finalmente le alcanzó la muerte, no sin antes haber impulsado numerosos centros obreros y jornaleros de reunión.

Muchos años después, apenas hace unos meses, un grupo de vecinos de esta localidad gaditana impulsó una movilización para realizar un homenaje a esta importante figura de la historia andaluza y que su nombre y memoria no cayeran en el olvido de la historia. Hoy, desde Andalucía Diversa ponemos nuestro pequeños granito de arena en ese objetivo, el de recuperar la figura de un hombre de acción que luchó durante toda su vida por defender los derechos y la vida de los campesinos y campesinas andaluces.