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Tristemente, la historia de la humanidad está ligada a la historia de la exclusión social. Un breve repaso a nuestra historia social, a la forma en la que nos hemos organizado durante prácticamente toda nuestra historia, nos demuestra que desde siempre, los hombres se han intentado imponer a sus semejantes por cuestiones económicas, raciales, sociales o de cualquier otra consideración, y han apartado del entramado social a grupos de seres humanos que por estos motivos consideraban inferiores o no dignos de la protección y comprensión del resto de la sociedad.

Publicado en Exclusión Social

 

  En la Sevilla del siglo XVI los habitantes eran descritos como “trebejos de ajedrez: tantos prietos -negros- como blancos” y es que, junto con Lisboa, la capital hispalense era la que poseía una de las mayores colonias de esclavos en Occidente; un gran número de esta mano de obra esclava era negra y se calcula que alrededor de un 7% de la población estaba formado por estos esclavos. Estos siervos solían entrar  bien por vía marítima, o bien a través del Algarve portugues, ya que este país realizó numerosas incursiones en las costas occidentales africanas de las que tomaba prisioneros que después vendía como esclavos, siendo Castilla uno de sus más importantes clientes en este comercio.

 Los esclavos eran comprados y vendidos en plena calle, su precio variaba en función del sexo, la edad o la condición física en la que se encontrasen. En las ventas se solía decir, a modo de reclamo, que la persona por la que se solicitaba dinero no estaba endemoniada, no era borracha y ladrona o que carecían de enfermedades y defectos para así poder venderlos por más dinero. La transacción, en el caso de Sevilla, se realizaba en su mayoría en las gradas de la Catedral. Era frecuente también que se les marcase con una letra s en las mejillas para indicar que no eran hombres y mujeres libres, adicionalmente, las familias compradoras podían llegar a marcarles iniciales en otras partes del cuerpo. 

  La relación entre amo y esclavo era de cercanía y familiaridad y el tipo de tareas que solían desempeñar eran  las propias de la casa, no obstante, había de todo y tampoco era raro encontrar a otros que desempeñaban tareas más duras como el transporte de cargas pesadas. La prostitución y el amancebamiento con el amo en el caso de los negros, no era algo usual, o al menos, no era algo que se hicera público, ya que existía un gran miedo a contaminar la pureza de sangre blanca con la de alguien que era socialmente visto como un ser inferior. En ocasiones, además de trabajar para su amo, podían trabajar fuera para así ganar un dinero extra y poder comprar su libertad en el futuro; lo que iban ganando, lo iban anontando en las llamadas “cartas de ahorría;" muchos de ellos, tras dejar de ser esclavos, seguían manteniendo relación con sus poseedores. 

 El poseer de esclavos era algo socialmente aceptado, e incluso bien visto ya que se consideraba un simbolo de prestigio. Por lo tanto, no era raro que personas de estratos sociales diferentes tuviesen uno o varios; no solo nobles y clérigos eran los que tenían siervos, sino también comerciantes y artesanos más modestos, podían llegar a tener al menos uno que les ayudase en los quehaceres diarios y que pudiese llegar a ser utilizado como moneda de cambio a la hora de hacer frente a deudas. 

Para encontrar la justificación de la práctica de la esclavitud hemos de remontarnos muchos años atras, ya en los tiempos de la Grecia Clásica, filósifos como Aristóteles veían la tenencia de esclavos como algo totalmente justificable y por ello la fue algo común en todos los países del Mediterráneo, siendo practicada en su mayoría con los prisioneros de guerra a los que no se mataba. Posteriormente, encontramos también en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, una referencia al esclavismo, según el texto, estos “o son libres, o son servos o aforados a los que se llaman en la tin libertos”. Por su parte, la Iglesia, no se pronunciaba sobre si era o no justo esclavizar a personas, ya que en la propia Biblia se habla de la existencia de éstos sin cuestionar su naturaleza; el clero se limitaba más bien a aconsejar un trato cuidadoso y justo para con los siervos. En el caso de los negros, no obstante, existía un cierto racismo latente ya que tradicionalmente el color negro era asociado con el mal y debido a su color, eran comunmente situados en una posición cercana al demonio; no en vano, se hablaba de ellos como mozos “de la piel del diablo y de hecho el propio Satanás, era también llamado “la bestia negra.” Sin embargo, esa visión de los negros como seres endemoniados fue cambiando y siendo sustituída por una visión paternalista e infantilizada que los posicionaba como individuos inferiores, pero necesitados de protección.

  La literatura de la época ha dejado constancia de esta presencia estos esclavos negros y sus relaciones con los amos. En ella podemos comprobar como la negritud, lejos de estar revestida del exotismo que se veía en la literatura de otros países, era vista como algo cotidiano; a través de obras de Cervantes, Quevedo o de Mateo Alemán podemos tener una idea de la imagen que la sociedad tenía de esa otredad negra tan cercana y lejana al mismo tiempo. Esta población era comunmnete caricaturizada  con un  halo de infantilismo e ingenuidad cuasi cómico  y se los representaba como personas generalmente chistosas y supersticiosas; características todas ellas que chocaban con la sociedad dominante y que los etiquetaba como seres inferiores desde el punto de vista social, moral e intelectual. El personaje negro y esclavo era un asiduo en los entremeses y aparecía normalmente como una persona que no había asimilado bien ni la lengua ni la cultura castellana y que por esta razón se veía envuelto en numeroso líos. El caso de las mujeres era distinto, ya que éstas solían aparecer normalmente como las amantes de los esclavos y no como protagonistas y  presentaban una permanente obsesión por aclarar sus pieles. Normalmente, no solían tener un papel protagonista serio y salvo obras de autores como Lope de Vega, Claramonte o Jiménez de Enciso no solían escapar de su condición caricaturizada de esclavos.

Entre los intentos por integrar a la comunidad negra sevillana, encontramos la creación de numerosas Hermandades de negros” o la promoción de su participación en cultos religiosos como el de tanto peso litúrgico como el Corpus Christi, en cuya procesión desfilaban danzando o vestidos de diablillos tras la Custodia representando el pecado que la Comunión redimiría. En la Sevilla del siglo XVI llegaron a procesionar numerosas Hermandades de morenos, aunque hasta el día de hoy solo una ha perdurado y es conocida popularmente como “Los Negritos” y pese antiguamente, únicamente podían desfilar negros, hoy ha perdido ya ese carácter étnico.

El siglo XVII fue el último periodo relevante de la compra-venta de esclavos, a partir de ahí, el flujo comenzó a decrecer y por lo tanto, el número de personas esclavas, también.

 

Bibliografía

-PERIAÑEZ GÓMEZ, Rocio. La esclavitud en Extremadura (Siglos XVI-XVIII). Dirigida por Rocío Sánchez Rubio e Isabel Testón Núñez. Tesis doctoral. Universidad de Extremadura, Cáceres 2008

-POZO RUIZ, Alfonso. La Sevilla del Quinientos: los esclavos. Alma máter Hispalensis. (online) Universidad de Sevilla. http://personal.us.es/alporu/histsevilla/esclavos_sevilla.htm Consultado el 17 de marzo de 2014

 

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