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Revista Digital

La fraseología de nuestra lengua nos ha dotado de un imaginario lleno de multitud de personajes a los que no conocemos, pero a los que aludimos constantemente; muchos de ellos son inventados, pero otros tantos fueron un día de carne y hueso, tal es el caso de la famosa Rita, a la que, indefectiblemente, asociamos con su profesión: “la cantaora.”

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Escribía con el seudónimo de Colombine, Gabriel Luisa o incluso con el de Perico el de los Palotes en muchas de sus publicaciones, y fue pionera en el trabajo puramente periodístico y profesionalizado, tal y como hoy lo entendemos, hecho por mujeres. En toda su obra, que fue tanto literaria como periodística, hubo siempre una constante: la defensa de la libertad y de las mujeres.

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 Hablar de prensa y feminismo en nuestro país nos lleva inevitablemente a Cádiz. Ya que será esta la localidad en la que se edite y publique, durante la segunda mitad del siglo XVIII, la primera publicación de carácter periódico hecha por mujeres y dirigida a un público exclusivamente femenino; se titulaba La pensadora gaditana, y se caracterizaba por la originalidad de sus contenidos y por la agudeza de su autora, la también gaditana Beatriz Cienfuegos, que lo llevarán a poder ser considerado como una publicación que será antesala a posterioriores reivindicaciones feministas.

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Entre los andalusíes la práctica de la homosexualidad era algo común, reyes como Al-Mu'tamid o Yusuf III escribieron poemas de forma profusa a a algunos de sus amantes. El amante objeto de deseo era normalmente un joven de capas sociales más bajas que la del deseante que escribía poemas.

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Lunes, 14 Abril 2014 10:00

Los Guerreros que vinieron del Hielo

Aquellos que sean ajenos al estudio historia quizás ignoren que el llamado “Terror del Norte” realizó varias incursiones en el sur de la Península Ibérica. Numerosas fuentes de autores musulmanes como Ibn al Qutiyya documentan y describen  aquellas batallas que, durante la Alta Edad Media, hicieron temblar los cimientos de populosas ciudades como Sevilla.

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Junto la localidad onubense de Zalamea la Real, encontramos hoy los muros derruidos de la aldea de El Membrillo Bajo; estas piedras son testigos de la tragedia allí aconteció en 1937 y que ha llevado a que muchos lo comparen con el bombardeo sobre Guernica.

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El debate entre empleo y sostenibilidad, desde el punto de vista histórico, es relativamente nuevo. En realidad comienza en los años 60 del siglo XX cuando nace el movimiento ecologista tal y como hoy lo conocemos, aunque en realidad es un proceso paulatino que va asimilando la población, y en ese momento, los años 50 y 60, es el momento álgido de los bloques capitalista y comunista

El edificio que hoy es Rectorado de la Universidad de Sevilla fue, hasta no hace mucho, sede de la Real fábrica de tabacos. La importancia de este lugar reside no solo en su valor arquitectónico, ya que es uno de los edificios industriales más importantes y de mayor tamaño del siglo XVII, sino en su valor dentro de la historia del movimiento obrero industrial y concretamente dentro de la historia de la mujer trabajadora; y es que, sus trabajadoras, las famosas cigarreras de Sevilla, constituyeron un mito que ha perdurado hasta nuestros días.

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  En la Sevilla del siglo XVI los habitantes eran descritos como “trebejos de ajedrez: tantos prietos -negros- como blancos” y es que, junto con Lisboa, la capital hispalense era la que poseía una de las mayores colonias de esclavos en Occidente; un gran número de esta mano de obra esclava era negra y se calcula que alrededor de un 7% de la población estaba formado por estos esclavos. Estos siervos solían entrar  bien por vía marítima, o bien a través del Algarve portugues, ya que este país realizó numerosas incursiones en las costas occidentales africanas de las que tomaba prisioneros que después vendía como esclavos, siendo Castilla uno de sus más importantes clientes en este comercio.

 Los esclavos eran comprados y vendidos en plena calle, su precio variaba en función del sexo, la edad o la condición física en la que se encontrasen. En las ventas se solía decir, a modo de reclamo, que la persona por la que se solicitaba dinero no estaba endemoniada, no era borracha y ladrona o que carecían de enfermedades y defectos para así poder venderlos por más dinero. La transacción, en el caso de Sevilla, se realizaba en su mayoría en las gradas de la Catedral. Era frecuente también que se les marcase con una letra s en las mejillas para indicar que no eran hombres y mujeres libres, adicionalmente, las familias compradoras podían llegar a marcarles iniciales en otras partes del cuerpo. 

  La relación entre amo y esclavo era de cercanía y familiaridad y el tipo de tareas que solían desempeñar eran  las propias de la casa, no obstante, había de todo y tampoco era raro encontrar a otros que desempeñaban tareas más duras como el transporte de cargas pesadas. La prostitución y el amancebamiento con el amo en el caso de los negros, no era algo usual, o al menos, no era algo que se hicera público, ya que existía un gran miedo a contaminar la pureza de sangre blanca con la de alguien que era socialmente visto como un ser inferior. En ocasiones, además de trabajar para su amo, podían trabajar fuera para así ganar un dinero extra y poder comprar su libertad en el futuro; lo que iban ganando, lo iban anontando en las llamadas “cartas de ahorría;" muchos de ellos, tras dejar de ser esclavos, seguían manteniendo relación con sus poseedores. 

 El poseer de esclavos era algo socialmente aceptado, e incluso bien visto ya que se consideraba un simbolo de prestigio. Por lo tanto, no era raro que personas de estratos sociales diferentes tuviesen uno o varios; no solo nobles y clérigos eran los que tenían siervos, sino también comerciantes y artesanos más modestos, podían llegar a tener al menos uno que les ayudase en los quehaceres diarios y que pudiese llegar a ser utilizado como moneda de cambio a la hora de hacer frente a deudas. 

Para encontrar la justificación de la práctica de la esclavitud hemos de remontarnos muchos años atras, ya en los tiempos de la Grecia Clásica, filósifos como Aristóteles veían la tenencia de esclavos como algo totalmente justificable y por ello la fue algo común en todos los países del Mediterráneo, siendo practicada en su mayoría con los prisioneros de guerra a los que no se mataba. Posteriormente, encontramos también en las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, una referencia al esclavismo, según el texto, estos “o son libres, o son servos o aforados a los que se llaman en la tin libertos”. Por su parte, la Iglesia, no se pronunciaba sobre si era o no justo esclavizar a personas, ya que en la propia Biblia se habla de la existencia de éstos sin cuestionar su naturaleza; el clero se limitaba más bien a aconsejar un trato cuidadoso y justo para con los siervos. En el caso de los negros, no obstante, existía un cierto racismo latente ya que tradicionalmente el color negro era asociado con el mal y debido a su color, eran comunmente situados en una posición cercana al demonio; no en vano, se hablaba de ellos como mozos “de la piel del diablo y de hecho el propio Satanás, era también llamado “la bestia negra.” Sin embargo, esa visión de los negros como seres endemoniados fue cambiando y siendo sustituída por una visión paternalista e infantilizada que los posicionaba como individuos inferiores, pero necesitados de protección.

  La literatura de la época ha dejado constancia de esta presencia estos esclavos negros y sus relaciones con los amos. En ella podemos comprobar como la negritud, lejos de estar revestida del exotismo que se veía en la literatura de otros países, era vista como algo cotidiano; a través de obras de Cervantes, Quevedo o de Mateo Alemán podemos tener una idea de la imagen que la sociedad tenía de esa otredad negra tan cercana y lejana al mismo tiempo. Esta población era comunmnete caricaturizada  con un  halo de infantilismo e ingenuidad cuasi cómico  y se los representaba como personas generalmente chistosas y supersticiosas; características todas ellas que chocaban con la sociedad dominante y que los etiquetaba como seres inferiores desde el punto de vista social, moral e intelectual. El personaje negro y esclavo era un asiduo en los entremeses y aparecía normalmente como una persona que no había asimilado bien ni la lengua ni la cultura castellana y que por esta razón se veía envuelto en numeroso líos. El caso de las mujeres era distinto, ya que éstas solían aparecer normalmente como las amantes de los esclavos y no como protagonistas y  presentaban una permanente obsesión por aclarar sus pieles. Normalmente, no solían tener un papel protagonista serio y salvo obras de autores como Lope de Vega, Claramonte o Jiménez de Enciso no solían escapar de su condición caricaturizada de esclavos.

Entre los intentos por integrar a la comunidad negra sevillana, encontramos la creación de numerosas Hermandades de negros” o la promoción de su participación en cultos religiosos como el de tanto peso litúrgico como el Corpus Christi, en cuya procesión desfilaban danzando o vestidos de diablillos tras la Custodia representando el pecado que la Comunión redimiría. En la Sevilla del siglo XVI llegaron a procesionar numerosas Hermandades de morenos, aunque hasta el día de hoy solo una ha perdurado y es conocida popularmente como “Los Negritos” y pese antiguamente, únicamente podían desfilar negros, hoy ha perdido ya ese carácter étnico.

El siglo XVII fue el último periodo relevante de la compra-venta de esclavos, a partir de ahí, el flujo comenzó a decrecer y por lo tanto, el número de personas esclavas, también.

 

Bibliografía

-PERIAÑEZ GÓMEZ, Rocio. La esclavitud en Extremadura (Siglos XVI-XVIII). Dirigida por Rocío Sánchez Rubio e Isabel Testón Núñez. Tesis doctoral. Universidad de Extremadura, Cáceres 2008

-POZO RUIZ, Alfonso. La Sevilla del Quinientos: los esclavos. Alma máter Hispalensis. (online) Universidad de Sevilla. http://personal.us.es/alporu/histsevilla/esclavos_sevilla.htm Consultado el 17 de marzo de 2014

 

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La mezquita catedral de córdoba no es una excepción en cuanto a templos reutilizados por otras religiones. Países que han experimentado cambios de religión oficial como Turquía cuentan con numerosos ejemplos, quizás el más llamativo sea el de la Basílica de Santa Sofia de Estambul que tiene casi mil quinientos años de antigüedad y que en realidad es la tercera que se construye porque la primera, hecha de madera, sufrió un incendio y la segunda fue destruida en una revuelta.

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