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Revista Digital

Guerra y Paz
Jueves, 17 Marzo 2016 11:23

Cuando una mala paz es germen de la guerra

Armisticio. Noviembre 1918. Armisticio. Noviembre 1918. Anónimo. Derechos públicos UE.
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Durante todo el monográfico estamos analizando los múltiples conflictos armados que están activos en el mundo, poniendo el foco en las consecuencias que estos enfrentamientos causan a la población civil, y la reacción que la ciudadanía de los países occidentales ante las medidas que están tomando sus gobernantes. Sin embargo, en lo que se refiere a la historia, existen múltiples maneras de analizar la dicotomía entre Guerra y Paz, y en este caso nos vamos a centrar en una Paz, la de Versalles, tras la derrota del Imperio Alemán en la I Guerra Mundial, que traía en su interior el germen del inicio de otro enfrentamiento, aún más sangriento y terrible que aquél al que ponía fin. En ocasiones una paz mal gestionada no nos conduce más que a otra nueva guerra.

Nos situamos en el año 1919, concretamente en el 28 de junio, no podían haber elegido mejor día, ya que se cumplen justo 5 años de que el archiduque Francisco Fernando fuera asesinado en Sarajevo, a la postre, el detonante de la confrontación. En el Palacios de Versalles se ultiman los preparativos del gran salón. Será allí donde los Jefes de Estado de Reino Unido, Francia y los Estados Unidos firmen definitivamente la Paz que culmine la I Guerra Mundial. El mayor enfrentamiento bélico que hasta la fecha había concebido el ser humano, el que más dolor y más pérdidas humanas había provocado en nuestra historia común.

Las hostilidades bélicas habían terminado en noviembre del año anterior, con la claudicación de los austriacos y el armisticio de Alemania que se llevó consigo el II Reich y a su emperador, Guillermo II. En el momento de firmar la Paz, Alemania ya era un república gobernada por un partido socialdemócrata, y se disponía a dirimir las condiciones de la derrota, el precio que debían pagar por los desmanes del emperador y su séquito. El que se impuso fue uno muy alto, quizás demasiado como para no convertirse en un nuevo detonador, un nuevo argumento que alzaban al cielo y a las cabezas de las gentes los revanchistas, los especuladores de la violencia y del propio ser humano. 

Así, Alemania fue declarada culpable de la guerra y por tanto obligada a pagar las reparaciones de la misma. Unas cantidades desorbitadas de dinero que puntualmente salían de las arcas germanas dirección a París y Londres. Igualmente duro fue el golpe territorial. El Imperio Prusiano perdió una octava parte de su extensión. Su ejército fue reducido a la mínima expresión, eliminaron totalmente la Marina, que tantos estragos habían causado a los aliados durante la guerra. No quedó ningún rastro del imperio colonial alemán, que si bien no era tan amplio como el de ingleses y franceses, poseía algunos territorios codiciados en el continente africano. 

Por supuesto no fueron las únicas condiciones, ni los alemanes los únicos perjudicados. Los imperios que durante siglos habían formado Europa se diluyeron. Los prusianos pierden algunas de sus más importantes y ricas posesiones, como la región de Alsacia y Lorena que pasan a manos francesas, mientras que los territorios del este se entregan al nuevo estado polaco. El imperio multiétnico Austro-Húngaro fue fragmentado en distintas naciones de nuevo nacimiento, y en el este, los rusos han sustituido la gloria de los zares por el gobierno de los soviets, mientras que el centenario imperio otomano se había reducido hasta circunscribirse a la actual Turquía

El pago de las reparaciones de la guerra consiguió doblegar a la potente economía alemana, una de las más industrializadas después de haber protagonizado un milagroso despeque desde mediados del siglo XIX. La década se cerraba para los alemanes con la derrota y las obligaciones de la paz, la siguiente,  el tiempo conocido como 'los maravillosos años 20', los alemanes lo sufrieron con una larga crisis económica conocida como de la hiperinflación

Estas condiciones, la rigidez en la exigencia de su cumplimiento, que tan sólo se flexibilizarían durante unos pocos años a partir de su inclusión en la Sociedad de Naciones, pero que volverían a verse recrudecidas en el momento que asoló la crisis económica global de 1929, irían consolidando el descontento social entre todas las clases sociales en Alemania, generando el sustrato sobre el que germinaría la paranoia nazi. Una ideología que ascendió al poder a base de prometer restituir las injusticias que se habían cometido contra los alemanes en la derrota. Que se aprovechó de la mala paz y sus consecuencias para instaurar el mayor terror y muerte que haya conocido el ser humano. 

Como en todas las circunstancias, a cada cual le toca su parte, y los gobiernos aliados, los sucesores de esos gobiernos deberían consultar un libro de historia cada vez que, con objetivos más electoralistas que reales, instigan al odio o a la intransigencia a la hora de afrontar la resolución de conflictos. Cuando una parte ya se ha mostrado derrotada, cuando se ha conseguido devolver la convivencia al terreno de la palabra y no de las armas, la cortesía del vencedor debe ser más humilde que la plegaria de un ciego, lo marcan los canones del buen gusto y el sentido común, lo marca el respeto a las almas de los muertos que se saben inútiles. De no ser así, la historia nos dicta terribles consecuencias

Como cada semana os dejamos algunos enlaces que pueden resultar útiles para ampliar información: 

- Blog de la I Guerra Mundial, realmente muy trabajado y en varios idomas. 

- Revista digital con material educativo muy interesante en el periodo de entreguerras. 

- La Gran Depresión. Página que analiza las causas de la crisis del 29 y sus consecuencias en los 30. 

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