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Revista Digital

Libertad de Prensa
Jueves, 05 Mayo 2016 11:11

128 periodistas asesinados, 54 secuestrados: cifras anuales de una ocupación arriesgada

Periodista documentando los disturbios en Kiev (Ucrania) durante 2014 Periodista documentando los disturbios en Kiev (Ucrania) durante 2014 Mstyslav Chernov - Unframe
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Son datos del Informe Anual de Reporteros Sin Fronteras. Contar algo que ocurre puede no resultar agradable para todo el mundo. Sobre todo, para una persona u organización directamente implicada en una información que sale a la luz pública y si dicha información puede poner en peligro sus intereses o statu quo. En ocasiones con mecanismos legales; en otras, con coacciones, amenazas y asesinatos. Para muchos periodistas su profesión y vocación es sinónimo de riesgos para su integridad física. Entonces, la expresión "matar al mensajero" adopta la forma de una literalidad trágica.

Las zonas de conflicto o cuando se cubren informaciones incómodas para colectivos peligrosos: narcotráfico, regímenes dictatoriales, guerras, corrupción y un largo etcétera de asuntos cuyos protagonistas no siempre quieren ver en las portadas de un informativo. Naciones Unidas acordó en 1993 proclamar la jornada del 3 de mayo como la fecha en que se llamara la atención sobre la necesidad de una prensa libre en todo el mundo. Las cifras y las historias vitales de periodistas que han sufrido represalias por su trabajo son datos lo suficientemente contundentes para tomar en serio los problemas y las dificultades que tienen muchos compañeros para desarrollar su profesión con libertad y seguridad.

Si en determinados territorios del planeta, la violencia imperante impunidad de ciertos grupos tiene como consecuencias en las "voces incómodas" daños en su integridad física, secuestros y asesinatos incluidos, en otras partes las consecuencias no son tan dramáticas. Sin embargo, si existen ciertas coacciones, en gran parte consecuencia de la precariedad laboral y los altos índices de desempleo dentro del gremio periodístico. Otra parte de las causas se las lleva la propia estructura de los medios de difusión de propiedad privada, donde grandes grupos empresariales se reparten el accionariado del medio e intentan acallar informaciones contrarias a sus intereses particulares. En otras ocasiones, el mecanismo no es la censura, sino la manipulación (un ejercicio comparativo de titulares de diferentes medios sobre la misma noticia puede resultar muy ilustrativo acerca de esto). La consecuencia para el profesional que no se pliega o protesta ante este paradigma suele ser la pérdida de su empleo.

Durante los últimos días se han visto demostraciones palpables. Por ejemplo, el caso del director del diario El País, Juan Luis Cebrián, en el que algunos medios han sacado a la luz la posible vinculación de un socio suyo dentro del caso de los "Papeles de Panamá" enseñan los mecanismos actuales de la censura: demandas por difamación a los medios que se hicieron eco de esos datos y un veto que impide a los periodistas del Grupo PRISA colaborar con dichos medios, y viceversa. O el juicio a la operadora de cámara de LaSexta, Ana García, por hechos ocurridos durante la grabación de un desahucio y la ocupación de un inmueble; una detención y un juicio que han levantado protestas y rechazos unánimes por periodistas y entidades que representan a la profesión. Son parte de una lista amplia de casos de la historia reciente de España, cuyo marco legal y estado de Derecho, a pesar de la Ley Mordaza, en ocasiones no son suficientes para garantizar el derecho fundamental de la ciudadanía a difundir y recibir información veraz y a preservar el papel que la prensa tiene, de forma teórica, en una sociedad que pretenda ser realmente democrática.

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