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Refugiados
Jueves, 25 Febrero 2016 10:26

Joaquín Urías: "Hasta ahora, ha sido la voluntad de las personas la única que ha atendido a los refugiados"

Joaquín Urías Joaquín Urías
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Aunque reconoce que en los últimos diez días la situación ha comenzado a cambiar, "durante más de un año y medio los únicos que recogían a refugiados en el mar, los únicos que los recibían en la playa, los únicos que les daban de comer, que les ponían tiendas de campaña y que los atendían eran voluntarios exclusivamente". Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla y ex letrado del Tribunal Constitucional, estuvo las pasadas navidades como voluntario realizando labores de ayuda humanitaria en el campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos. Nos ofrece un testimonio directo sobre las condiciones en los campos de refugiados, de la ayuda voluntaria y un breve análisis sobre la política de asilo en la Unión Europea.

A pocos kilómetros de la costa de Turquía se encuentra Lesbos, una isla griega que en los últimos meses se ha convertido en puerta de entrada a Europa de miles de personas que huyen de la guerra y la miseria en Siria y cuyo objetivo es llegar a algún país de la Unión Europea. En primer lugar, a Alemania, donde ya hay más de un millón de refugiados y donde están aumentando las dificultades para conseguir asilo y la hostilidad de cierta parte de la población. Otros países como Suecia, Holanda y Finlandia anuncian deportaciones masivas de refugiados. Mientras, España, comprometida a acoger a 16.321 refugiados, "ha acogido efectivamente a 18 personas". Cada día llegan unas 1.500 personas; en cada barca, unas 50. La política de asilo, según este experto jurista, es "una cuestión de los estados y de normas que están establecidas pero que son inoperantes... cuando una persona que huye de una guerra pisa suelo de un país de la Unión Europea, ese primer país tiene la obligación de darle refugio... esa ley funciona bien cuando llegan pocos. Cuando hay un aluvión de refugiados en un único país como ha ocurrido en Grecia o en Alemania, esa ley no es operativa".

No es la primera crisis humanitaria en la que Joaquín Urías presta su asistencia. Bosnia, Azerbaiyán o Haití son algunos ejemplos. Con esta experiencia ha conocido muchas historias más allá de los números. Una de ellas la relataba el 18 de enero en el Huffington Post, en el artículo Unas fotos en un campo de refugiados: "Me acerco a saludarla y veo que lo que tiene en la mano es un hatajo de fotos antiguas. Están mojadas por el mar y la señora se afana por secarlas en la débil corriente de aire cálido. Me las enseña. Son fotos familiares: de niños recién nacidos, fiestas de cumpleaños, excursiones". Historias de vida que cambiaron drásticamente por los conflictos y la pobreza en su país, en su huida a un lugar de acogida y en su llegada a Lesbos.

Cada historia de vida es diferente pero hay algo en lo que Joaquín Urías observa en común para todas ellas, y es "son personas que, de pronto, dejan todo atrás. Son personas que un día salen de su casa con la ropa puesta y se dejan atrás sus libros, sus recuerdos, los muebles, los objetos con los que han compartido su vida todo el tiempo... eso es la sensación que tiene cualquier refugiado en cualquier país del mundo y en Lesbos es muy evidente porque llegan mil quinientas personas al día que han dejado la casa suya y han dejado atrás todo y suben a una barquita. Se están arriesgando pero cuando llegan a Lesbos, empezando lo que es su camino, van sin nada y llegan a cuerpo descubierto y jugándoselo todo con tal de escapar de la guerra".

Las necesidades en los campos de refugiados de Lesbos, además de las logísticas como tiendas de campaña, alimento o fuentes de calor, comienzan por evitar que estas personas intenten cruzar por mar el estrecho que divide, en términos fronterizos, Asia y Europa. "La principal necesidad es que no tienen por qué echarse al mar, la principal necesidad es que Europa no debe seguir empujando a esta gente a que su único modo de entrar en la Unión sea dejándose la vida y por 6 kilómetros esa gente se juega la vida".