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Represión

Represión

60.000 euros de multa por desórdenes públicos, la suma más elevada que nunca se haya impuesto en España por este tipo de faltas. Un procedimiento penal, ya cancelado, en el que se pedían 13 años de prisión. "A mí me imputaron por mi participación en la Huelga General del 2012...". José Manuel Valderas, secretario de Organización de Comisiones Obreras en Huelva, sería uno de los 13 sindicalistas onubenses, integrantes del Partido Comunista de Andalucía, imputados por el Juzgado de Instrucción nº 3 de Huelva, por diferentes cargos de desórdenes públicos, coacciones y atentado a la autoridad.
En nuestro análisis histórico para un tema como el que tratamos esta semana, el de la represión, nos hemos fijado en los sistemas de represión oficial del Estado durante el último siglo en España. En este caso, pese a que disponemos de suficiente material para afirmar que nuestro pasado es un pasado de represión, abordamos esta realidad bajo una perspectiva optimista, y es que los procesos de coacción a aquellas personas que intentan defender sus derechos se han suavizado y tamizado en extremo, aunque las últimas noticias todavía nos retrotraigan a un pasado nunca mejor.
Ofensa a los sentimientos religiosos. Es un delito que se escucha mucho últimamente y que, en la mayoría de los casos se queda en nada, porque es difícil probar la ofensa. Pero el revuelo mediático que se organiza en torno a estos casos y las presiones que los grupos religiosos, fundamentalmente católicos, ejercen en los procesos llama la atención y confunde a la opinión pública. ¿Hasta qué punto, en una sociedad laica, está el Estado o la Justicia obligados a proteger un sentimiento que, en teoría, debería pertenecer al ámbito privado?
Desde 2011, cuando ETA deja las armas, se han quintuplicado los juicios por enaltecimiento al terrorismo. El año pasado, 2015, batió el récord con 25 juicios, por los 5 que hubo el último año en activo de la banda terrorista. Es sólo un dato más que demuestra el estado de represión que vivimos actualmente. El caso de los titiriteros no es, por tanto, un hecho aislado, sino la muestra de que en España se usa el fantasma del terrorismo para censurar y limitar la libertad de expresión. Y si nos centramos en nuestra tierra, Andalucía, los artistas (actores, cantantes, escritores, etc.) y otros colectivos se encuentran con el problema añadido de la religión. Todo lo que es sensible de molestar a un creyente (cristiano y católico, para más señas) es tildado de ofensa a los sentimientos religiosos. ¿Vivimos en una nueva era de censura?