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Represión
Jueves, 03 Marzo 2016 06:33

Ofensa a los sentimientos religiosos: ¿dónde poner el límite?

Procesión del "Santísimo Coño Insumiso" Procesión del "Santísimo Coño Insumiso" www.andalucesdiario.es
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Ofensa a los sentimientos religiosos. Es un delito que se escucha mucho últimamente y que, en la mayoría de los casos se queda en nada, porque es difícil probar la ofensa. Pero el revuelo mediático que se organiza en torno a estos casos y las presiones que los grupos religiosos, fundamentalmente católicos, ejercen en los procesos llama la atención y confunde a la opinión pública. ¿Hasta qué punto, en una sociedad laica, está el Estado o la Justicia obligados a proteger un sentimiento que, en teoría, debería pertenecer al ámbito privado?

Este mes de febrero han prestado declaración en Sevilla tres mujeres investigadas por sacar en 2014, en la manifestación del 1 de mayo, una vagina gigante en procesión. El "Coño Insumiso" se ha convertido, lamentablemente en otro motivo de gresca entre quienes consideran que han ofendido los símbolos de una ciudad con fuerte tradición cofrade y quienes rechazan tal ofensa afirmando que en ningún momento era una crítica religiosa. El objetivo era denunciar la precariedad y la violencia que soportan las mujeres, además del derecho a decidir sobre su maternidad.

El símbolo era una vagina, el coño insumiso, que se revela contra la opresión y la Asociación Española de Abogados Cristianos las denuncia por un delito contra las creencias religiosas y un delito de provocación a la discriminación, al odio y a la violencia por motivos referentes a la religión o creencias, con una pena de prisión de uno a cuatro años y una multa de seis a doce meses.

Esta semana el periódico La Marea publicaba un artículo que recogía el testimonio de las imputadas en este caso que aseguraban estar "firmes, defendiendo la libertad de expresión, los derechos humanos" y rechazaban la acusación y ser criminalizadas por salir a reivindicar sus derechos de ciudadanas.

La acusación se basa en el artículo 525 del Código Penal, que dice, literalmente: "Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican".

Es curioso que ese artículo, en su punto dos, también recoge el caso inverso; es decir, que incurrirán en las mismas penas quienes hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna. Aunque, si se dan estas denuncias, no trascienden a la opinión pública.

¿Cómo compaginar el derecho que tienen los creyentes de mantener sus creencias con el derecho de los no creyentes? ¿Dónde acaba y dónde empieza la libertad religiosa? Lo que tiene que ver con la religión es muy relativo y lo que ofende a unas doctrinas no ofende a otras. El caso de las manifestantes de Sevilla o el caso de la concejal de Madrid, Rita Maestre, que también fue denunciada por ofender los sentimientos religiosos por protestar semidesnuda en la capilla de una universidad, precisamente para denunciar que hubiera edificios religiosos en las universidades públicas.

Es difícil establecer límites en una sociedad laica, como estamos viendo y la justicia se atasca en estos debates que se polarizan. Lo cierto es que la procesión de Sevilla no es original y esta peculiar advocación, también ha recorrido otras ciudades cofrades, como Málaga. En este caso, el acto formaba parte de las manifestaciones del 8 de marzo.

El caso de Sevilla ha sido peculiarmente sonoro y ahora mismo está en los tribunales, aunque desde el Ayuntamiento hispalense han manifestado públicamente su apoyo. Hemos contactado con las mujeres y con la abogada que las representa pero, de momento prefieren ser prudentes. Los abogados cristianos, que tienen abiertas numerosas batallas en los tribunales, también denunciaron la procesión celebrada en Málaga pero en aquel caso no prosperó.