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Represión
Miércoles, 02 Marzo 2016 17:21

Terrorismo y religión, las dos excusas más usadas para limitar la libertad de expresión

Expresarse es Libertad Expresarse es Libertad Rodrigo Suárez/flickr.com
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Desde 2011, cuando ETA deja las armas, se han quintuplicado los juicios por enaltecimiento al terrorismo. El año pasado, 2015, batió el récord con 25 juicios, por los 5 que hubo el último año en activo de la banda terrorista. Es sólo un dato más que demuestra el estado de represión que vivimos actualmente. El caso de los titiriteros no es, por tanto, un hecho aislado, sino la muestra de que en España se usa el fantasma del terrorismo para censurar y limitar la libertad de expresión. Y si nos centramos en nuestra tierra, Andalucía, los artistas (actores, cantantes, escritores, etc.) y otros colectivos se encuentran con el problema añadido de la religión. Todo lo que es sensible de molestar a un creyente (cristiano y católico, para más señas) es tildado de ofensa a los sentimientos religiosos. ¿Vivimos en una nueva era de censura?

Los casos de represión contra la libertad de expresión en nuestro país han dejado de ser hechos aislados para convertirse en algo cotidiano, hasta el punto que Amnistía Internacional, en su Informe Anual sobre la situación de los Derechos Humanos en el mundo, lleva dos años alertando de la “tendencia de recortes de libertades y derechos” del gobierno español. Amnistía critica la multiplicación de los juicios por enaltecimiento al terrorismo, fruto de los cambios que introdujo la Ley Mordaza, además de otras vulneraciones de los Derechos Humanos, como el trato a los inmigrantes en las fronteras, el abuso de la fuerza en algunas actuaciones de la policía y la Guardia Civil, y la pésima gestión en la acogida de refugiados.

No es la única crítica que llega fuera desde fuera de nuestras fronteras. Recientemente, The New York Times, también hablaba de la creciente represión a la libertad de expresión que se vive en nuestro país, citando los casos de Guillermo Zapata, concejal de Ahora Madrid que tuvo que dimitir por unos tweets; Rita Maestre, acusada de profanación por una protesta en la capilla de la Universidad de Madrid; o los titiriteros granadinos que fueron encarcelados por mostrar una pancarta de Gora Alka-Eta. Este último caso ha derivado en otras acusaciones por enaltecimiento al terrorismo cada cual más surrealista, con policías identificando a portadores de pancartas con lemas como “Gora Malagu-Eta” o “Gora cuchufl-Eta”.

Si nos centramos en Andalucía, el terrorismo no es la principal excusa para recortar la libertad de expresión, sino la religión. O mejor dicho, la ofensa al sentimiento de los que creen en ella. El caso del que más se habla ahora mismo es el de la procesión del “Santísimo Coño Insumiso”, un paso que, al estilo de los de la Semana Santa, se pudo ver por las calles de Sevilla el 1 de Mayo de 2014, junto al del “Santo Entierro de los Derechos Sociolaborales”. Ambos fueron organizados por el sindicato CGT, que ahora se enfrenta a penas de hasta 3 años de prisión por un delito contra los sentimientos religiosos y otro contra el ejercicio de los derechos fundamentales y las libertades públicas. Desde CGT siempre han defendido que en ningún momento quisieron ridiculizar la Semana Santa ni ofender a los creyentes, sino reivindicar políticas del movimiento feminista, como las diferencias salariales respecto a los hombres, el derecho al aborto libre y gratuito, y la represión y violencia que sufren actualmente las mujeres.

El Ayuntamiento de Sevilla aprobó hace unos días mostrar su apoyo y solidaridad con las integrantes de CGT y de movimientos feministas investigados. Una propuesta que salió adelante con el apoyo de PSOE, IU y Participa Sevilla, pero que no incluía la petición de retirada de la denuncia y archivo del caso, como pretendía Participa. El juicio, por tanto, sigue pendiente de celebración, tras la denuncia que presentó la Asociación Española de Abogados Cristianos, que también está detrás de otras querellas como la del artista navarro Abel Azcona, por una obra que utilizaba hostias consagradas para formar la palabra “Pederastia”, la del director del Museo Reina Sofía, por una exposición que consideraban “vejatoria” contra la Iglesia Católica; o la de Ada Colau, alcadesa de Barcelona, por la lectura de un poema que adaptaba el Padre Nuestro con consignas feministas.

Con la Iglesia también se toparon los creadores de la Revista Mongolia cuando en enero de 2013, para presentar la revista en Sevilla, diseñaron un cartel con la imagen de la Virgen de la Macarena que fue muy criticado por un sector de la población sevillana. Al año siguiente, volvieron a repetir estrategia usando la imagen de la Macarena para promocionar esta vez su musical. Y en esta ocasión los dirigentes de la Hermandad sí consiguieron que se retirará la imagen, pero no por atentar contra el sentimiento religioso, sino por usar una marca registrada, la imagen de la propia Virgen. Hace unos meses hablamos con uno de los co-fundadores de la Revista Mongolia, Edu Galán, que nos dejó grandes frases y una curiosa reflexión sobre este asunto. Vuelve a escucharlo aquí.

Aunque el caso de Mongolia no fue el primero en el que las hermandades sevillanas recurrían a sus marcas registradas para denunciar un hecho. Unos años antes, en 2002, un informático de Utrera creó el videojuego “Matanza Cofrade”, en el que el jugador tenía que disparar contra nazarenos y cofrades zombies mientras de fondo se veían imágenes de la Virgen de la Macarena, el Gran Poder o el Cristo de San Bernardo. El juego era gratuito y pasó más o menos desapercibido hasta que el grupo de rock Narco decidió incluir una copia en su álbum “Penados y rebeldes”. Tanto el grupo como el autor del videojuego fueron denunciados por ofensa a los sentimientos religiosos y vulneración del copyright. El juicio se celebró en 2005 y terminó con la absolución de los acusados tras pedir perdón y el juez considerar que no hubo intención de ofender. El delito contra la propiedad industrial también fue desestimado ya que las Hermandades registraron sus imágenes después de los hechos. También fue absuelto un año antes un joven que subió a Internet imágenes obscenas de la Virgen de la Esperanza de Triana, en las que aparecía con un pene en la mano. El juez consideró que se trataba de una crítica “burda y poco refinada” pero “amparada por su derecho a la libertad de expresión”.

Acabamos este repaso con otro caso de censura artística, aunque esta vez sin querella de por medio. Nos referimos a la situación vivida por las integrantes de la obra teatral “Estrella Sublime”, quienes tras casi 15 años y más de 200 representaciones por toda España, veían en 2013 cómo el Ayuntamiento de Écija cancelaba su función tras las protestas de las Hermandades. La obra narra las aventuras de una camarera sevillana y periodista frustrada a la que una noche se le aparece la virgen María. La actriz que la encarna, Lola Marmolejo, defendía la imagen respetuosa y humana que siempre han dado a la figura de la virgen en la obra. Tras las numerosas protestas, el Ayuntamiento de Écija reculó y acabó reprogramando la obra. Sin embargo, al igual que en el caso de los titiriteros o en cualquiera de los que hemos repasado, el daño ya está hecho: ahora cualquier artista o colectivo no podrá expresarse libremente sobre algunos temas sin arriesgarse a recibir una querella.

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