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Revista Digital

Sin techo
Martes, 10 Noviembre 2015 00:00

De la sociedad romana a la historia de Belisario, un conquistador condenado a mendigar

Belisario. Belisario. Jacques-Louis David (1781).
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Esta semana hablamos de las personas sin hogar, y en el apartado de historia nos trasladamos a la mayor ciudad de la Antigüedad, la pequeña aldea de la península Itálica que durante siglos dominó el mundo conocido, y también, la ciudad que acumulaba un mayor número de personas sin hogar vagando por sus calles y dependiendo de la ayuda imperial. Empezamos.

La Roma antigua era una sociedad dividida en dos grupos principales, en el escalón más alto los patricios, ricos y con capacidad y posibilidades de ocupar los puestos públicos de responsabilidad. Y bajo ellos, un grupo heterogéneo de plebeyos o humiltores, que a su vez se subdividía según los niveles de libertad que ostentaban (hombres libres, libertos y esclavos).

Así, nos encontramos ante una sociedad estratificada, donde el tránsito de un nivel social a otro superior fue escaso. Sin embargo, es innegable que hubo personas que lograron subir en la escala social, aunque era tal el peso del status original, que hizo falta el transcurrir de generaciones para que sus descendientes fueran aceptados como iguales por aquellos que pertenecían al nivel social al que habían logrado ascender.

Desde el ángulo estrictamente económico, había en el Imperio dos categorías, separadas por un abismo: los ricos y los pobres. Los primeros (los plousioi o dives), disponían de medios y recursos abundantes para vivir con la mayor holgura sin necesidad de tener que trabajar; los segundos, comprendían tanto a los que para poder vivir dependían de su trabajo (los penétes o pauperes), cuanto a los que no podían sobrevivir sin mendigar (los ptókhoi, egentes o indigentes).

Sin embargo, en la propia ciudad de Roma, la situación de sus habitantes tenía sus peculiaridades, ya que más de la mitad de su población eran libertos y con ciudadanía romana, con lo que tenían a su alcance buena parte de los derechos públicos del Imperio, pero a la vez eran pobres que no tenían la capacidad de mantenerse por sí mismo. Por ello, y por la constante amenaza de revuelta que generaba la precaria situación de estas personas, los emperadores iniciaron políticas que consiguieran apaciguar los aires de cambio. El pan y circo conocido  por todos, no es más que la expresión de esa política de contención, intentando limitar la capacidad crítica de estos ciudadanos a base de juegos en el circo y de saciar las más básicas necesidades.

Esta descripción social de Roma se iría diluyendo con la marcha de muchos de sus habitantes al campo, sobre todo a partir del final del Imperio, tanto ricos como pobres, en el caso de los primeros para eludir los pagos impositivos que debían hacer al emperador, y en el de los segundos, cuando comprobaron que el futuro de vida en las ciudades para ellos podía ser muy limitado. Con ello, en la sociedad fue produciéndose un proceso de ruralización que modificó la situación de los indigentes, pero que no mejoró sus condiciones.

Belisario

La figura de Belisario es una de las más reconocidas del inicio de la Edad Media. Fue uno de los generales más famosos del Imperio Bizantino, y el que, bajo el mandato del emperador Justiniano I, logró expandir los territorios bajo el mando de Constantinopla desde Persia hasta la Península Ibérica, incluyendo por supuesto Roma, que fue conquistada a los ostrogodos y estuvo bajo el control bizantino durante décadas.

Tras la muerte de Justino en 527, el nuevo emperador, Justiniano I, nombró a Belisario comandante de las fuerzas imperiales en Oriente, para hacer frente a las incursiones del Imperio sasánida. Pronto demostró ser un capitán hábil y efectivo, derrotando a un ejército más grande gracias a una táctica superior. En junio de 530 mandó el ejército que venció a los persas en la batalla de Dara, a la que siguió una ajustada derrota en la Batalla de Calinico en el Éufrates en 531. Tras estos encuentros militares las dos potencias (Imperios Bizantino y Sasánida) decidieron negociar la que sería llamada la "Paz Eterna", en la que Bizancio se comprometió al pago de altos tributos durante años.

En 532 era el oficial militar de mayor rango en la capital imperial, Constantinopla, cuando se produjeron las revueltas de Niká (entre las facciones del Hipódromo de las carreras de cuadrigas) que casi destronaron a Justiniano I. Belisario, con la ayuda del magister militum de Iliria, Mundus, terminó con la rebelión mediante un baño de sangre en la que pudo acabar con la muerte de 30.000 personas.

Conquista de Roma

Tras probar su valía, Belisario dirigiría las campañas contra los vándalos, que situaban en el norte de África después de que hubieran sido expulsados de la Península Ibérica por los visigodos, y después como ya hemos referido contra los ostrogodos, que en esos momentos dominaban la Península Itálica, centro del antiguo Imperio Romano de Occidente. Fue precisamente tras la conquista de Roma cuando comienzan a lanzarse suspicacias contra Belisario, que se había mostrado totalmente fiel a Justiniano. El rey ostrogodo ofrece al propio Belisario el gobierno de Roma si rompe con Justiniano, algo que es rechazado, lo cual no es óbice para que sus enemigos en la siembre la duda en el emperador sobre los deseos del primero de sus generales.

La  leyenda, que difícilmente podemos valorar como real o no, nos explica que Justiniano acabará ordenando que se le arranquen los ojos y a vagar por las calles de Constantinopla, obligado a vivir de la limosna de la gente. El emperador finalmente se apiadaría de su mejor general y lo reintegraría a la corte para que viviera sus últimos días en paz.

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