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Sistema Electoral
Martes, 08 Diciembre 2015 00:00

Cómo se votó en España en los siglos XIX y XX

Votación de una mujer durante la II República Votación de una mujer durante la II República wikicommons.org
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Esta semana, más que nunca, la visión histórica del tema monográfico de nuestra revista digital, nos puede aportar una visión mucho más clara de cómo se ha desarrollado nuestro sistema de votaciones desde que, allá por el  primer tercio del siglo XIX, se comenzara la construcción del sistema liberal político español, y con él, los primeros procesos electorales en nuestro país.

Como siempre nos gusta decir, mejor, comenzamos por el principio. A finales del siglo XVIII, la España Imperial, la que dominaba territorios en todos los continentes del planeta , se encontraba en franca decadencia. Gobernada por una monarquía absolutista en la figura del Borbón Carlos IV, había perdido buena parte de su influencia en el continente europeo. Esta debilidad provocó, mediante una burda estratagema, la invasión de las tropas napoleónicas y la posterior Guerra de la Independencia.

Sin embargo, más allá del conflicto bélico, este fue el contexto en el que se comienza a fraguar la senda de la construcción de un estado liberal. Así, mientras la guerra se iba perdiendo, representantes de las Juntas Provinciales, que se habían hecho con el control efectivo del país tras la invasión, se reunían en Cádiz para intentar dar un paso hacia el liberalismo político, para lo cual redactaron y aprobaron en 1812 la primera Constitución netamente española, la conocida como la Pepa, por haber sido aprobada el día de San José.

Este texto, el primer fruto del constitucionalismo español incluía un tipo de sufragio censitario, por el cual se excluía del voto a las mujeres, a los servidores domésticos y, en el caso de las colonias americanas a los grupos étnicos de esclavos. Eso en lo que se refiere al sufragio activo, esto es, al quienes pueden votar. Con respecto al sufragio pasivo, a quienes pueden ser elegidos, la norma incluía éstos debían tener una renta anual proporcionada procedente de recursos propios, por lo que sólo podrían acceder a cargos públicos aquellas personas con una determinada renta, excluyendo a la mayoría de la población.

Este sistema se aplicó en periodos muy breves de nuestra historia, ya que la Constitución de 1812 fue derogada tan sólo dos años después, y se aplicó durante un periodo muy breve de 1820 a 1823, y durante el año 1836 antes de que se promulgara una nueva Carta Magna un año después, en este caso fruto del acuerdo de liberales progresistas y moderados, durante la regencia de María Cristina, lo que constituiría el pistoletazo definitivo a la construcción de las estructuras del estado liberal, entre ellas, el sistema electoral.  

Tras la muerte de Fernando VII

Cabe aclarar antes de centrarnos en el tipo de sufragio que se vivió durante aquellos años, que, tras la muerte de Fernando VII, los liberales habían visto reforzada su posición por la aparición de la alternativa carlista, que propugnaba la vuelta a las estructuras del Antiguo Régimen. Por ello, María Cristina, madre de Isabel II y regente de 1833 a 1840, no le quedó más remedio que buscar apoyo en los liberales, ahora divididos en moderados y progresistas. Estos prestaron apoyo a la Corona a cambio de incidir en las reformas políticas, económicas y sociales, una de las principales siempre fue el establecimiento de un sistema parlamentario representativo.

Sin embargo, este proceso nunca fue encaminado a la consolidación de una democracia, ni lo debemos considerar así. Tanto moderados como progresistas apostaron por un sufragio censitario masculino, cuya única diferencia era la subida o bajada de la renta para ser electo o tener el derecho al voto. De tal manera, que si era los progresistas los que estaban en el poder, bajaban el nivel de renta para ampliar el censo electoral, y si eran los moderados ese nivel de renta si incrementaba para recortarlo.

Es importante señalar en todo caso, que no fue simétrico el tiempo que estuvieron en el poder unos y otros, ya que durante la mayor parte de la etapa, fueron los moderados los que dominaron el gobierno.

Igualmente destacables son los textos en los que se relatan los múltiples casos de fraude electoral, ya no sólo mediante la presión caciquil, que alcanzaría su esplendor durante la etapa de la restauración borbónica, si no de manera mucho más burda. Rellenando urnas frente a los propios vecinos, o quemándolas en el caso de que se sospechara que no contenían los apoyos que contentaran al gobierno. En este sentido hay un hecho que nos puede resumir lo que ocurría con las elecciones durante el siglo XIX: siempre, absolutamente siempre durante todo el periodo, eran ganadas por el partido que se encontraba en el gobierno.

Revolución de 1868

A pesar de esta realidad tangible, el sistema electoral, a golpe de levantamientos y revoluciones, continuaba consolidándose, y fue precisamente una de estas revoluciones, la conocida como la Gloriosa, que expulsó a los Borbones de la corona en el año 1868, la que supuso una de los avances más importantes al incorporar el sufragio universal masculino.

Este hecho, que suponía el primer paso para establecer un sistema democrático en España, no puede escondernos un hecho de gran importancia: la mujer, el derecho de la mujer a  participar en la vida política de forma activa o pasiva, eligiendo o siendo elegida, nunca estuvo sobre el tapete en estos años. Mientras el sistema avanzaba con la intención de ser cada vez más representativo, se continuaba excluyéndolas del derecho legítimo de tomar parte en las decisiones políticas marcarían su futuro.

Retorno de los Borbones

En esta historia de idas y venidas, de dar un paso adelante para inmediatamente recular con dos hacia atrás, el sistema electoral español sufriría un nuevo vuelco con la restauración borbónica de 1875 y la implantación del sistema bipartidista de Cánovas y Sagasta. Retroceso en derechos con la vuelta a un sufragio censitario que limitaba de nuevo la participación política de la mayoría del cuerpo social, y limitaciones estructurales al recuperar un tipo de soberanía compartida, mediante la cual el rey asumía un papel de mediador con un gran contenido político a la hora de llamar a formar gobierno.

De este hecho, unido a las prácticas caciquiles que podéis hallar en este enlace, y de la tradición de fraude que había acompañado a los procesos electorales desde que se comenzaran a producir nació la expresión: “Son los gobierno los que hacen las elecciones, no las elecciones a los gobiernos”.
Este sistema electoral permanecería con pequeñas adecuaciones hasta el golpe de Primo de Rivera en el año 1923, tras cuya dictadura y las elecciones municipales de abril de 1931, con la victoria de los republicanos en la mayoría de las grandes ciudades y la salida hacia el exilio del Alfonso XIII, daría  paso a un nuevo vuelco en la manera en la que se han desarrollado las elecciones en España, ahora bajo un sistema político republicano.

La II República

Entre 1931 y 1936 se constituye en España un sistema que se definía así mismo como “una República democrática de trabajadores de toda la clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia”. En el tema que nos ocupa, el de la evolución de los sistemas electorales en España, la II República es el momento en el que se da el definitivo paso hacia una democracia representativa de la mayoría del cuerpo social con la incorporación del sufragio universal masculino y femenino, dando por fin un paso para que la mujer pudiera disfrutar de sus legítimos derechos políticos.

Sin embargo, este hecho no estuvo exento de polémica y de contradicciones, incluso entre las principales figuras sufragistas como es el caso de Victoria Kent, que se opuso a la inclusión del sufragio universal femenino, ya que, según su argumentación, en esos momentos la mujer todavía sufría una importante influencia eclesiástica, sobre todo en los entornos rurales, lo que en la práctica política supondría dar un balón de oxígeno en forma de votos a las derechas, que precisamente se oponían a esta igualdad jurídica de hecho y derecho entre hombres y mujeres. La decisión final fue la de, más allá de estrategias políticas cortoplacistas, sancionar el derecho legítimo de la mujer a elegir y ser elegida en la misma condición que los varones.

Golpe de Estado del 36

Sin embargo, esta situación no duraría mucho tiempo, ya que los sectores más conservadores de la sociedad, unidos al naciente fascismo que se había fraguado de la mano de José Antonio Primo de Rivera, el 18 de julio de 1936, los militares dan un golpe de Estado contra el gobierno democráticamente elegido de la II República e inician uno de los periodos más oscuros de nuestra historia, la Guerra Civil, y la posterior dictadura franquista, donde cualquier atisbo de libertad política era perseguido y condenado, en muchas ocasiones pasado a garrote vil, para confirmar un retroceso político y social que devolvería a España, en muchos aspectos a una situación parecida al Antiguo Régimen, tirando por la borda toda la construcción política que se había desarrollado, con sus luces y sus sombras de durante prácticamente un siglo.

Los tercios franquistas

No obstante, el régimen franquista, sobre todo viendo el resultado de la II Guerra Mundial y la caída de sus dos grandes valedores internacionales, Hitler y Mussolini, fue desarrollando una suerte de democracia orgánica, en la que convocaron algunos referéndums fraudulentos para justificar el apoyo de los ciudadanos al dictador. Igualmente, en 1942 se crearon las Cortes Españolas a las que se les atribuía la obligación de redactar y aprobar leyes, aunque al no existir división de poderes y concentrarse éste en el dictador, nunca asumieron definitivamente el poder legislativo.

Por supuesto, en estas Cortes no existían partidos políticos, y hasta 1967, sus representantes eran elegidos directamente por el dictador Franco, o bien por las sociedades corporativas creadas por el régimen como el sindicato vertical. Finalmente, en aquel año, se incorporan la elección de los tercios de cabeza de familia, quedando configurado el sistema de tercios de la siguiente manera: 1/3 de la cámara sería elegido por el sindicato vertical que unía trabajadores y empresarios; 1/3 por los cabezas de familia, posteriormente se incluirían mujeres casadas, con un intachable historial de apoyo al movimiento; y 1/3 de representantes de los municipios.

Este sistema incluía prácticamente todos los defectos de los anteriores, por un lado por anular la capacidad de representación popular, restringiéndola aún más que los sufragios censitarios de los inicios del siglo XIX, y por otro, y más obvio e importante, al otorgar a un dictador el poder absoluto, entre el que se encontraba la arbitrariedad de elección de los procuradores de la Cámara.

La Transición

Y así llegamos a la muerte del dictador, el proceso de la Transición y la consolidación de la monarquía parlamentaria, y de una democracia al uso de las de nuestro entorno que se fundamenta en la celebración de elecciones periódicas y en un sufragio universal que incluye a hombres y mujeres, y cuyo sistema de reparto electoral ha analizado en este artículo nuestro compañero Paco Aguaza junto a la doctora en matemáticas Clara Grima.

En esta ocasión, a la hora de proporcionar enlaces y bibliografía, nos hemos decidido por simplificarlo aportando uno en especial. Nos referimos a la web del Congreso de los Diputados en la, que de un solo vistazo, tendréis acceso a información y análisis detallados de cómo se ha desarrollado el proceso constitucionalista español, y por ende, los sistemas electorales que han acompañado a cada una de las Constituciones.