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Revista Digital

Movilidad Sostenible
Miércoles, 15 Abril 2015 22:50

Ciudades amigables: sostenibilidad, ecología y convivencia

Bici junto al río Bici junto al río Beatriz Peña Parra
Por 

Más de la mitad de los andaluces tiene una bicicleta, y aproximadamente el 80% sabe utilizarla. Sin embargo, aún existe una mayoría de personas que sigue utilizando el coche para desplazarse por la ciudad en vez de la bicicleta, como ocurre en Holanda y otros países de la zona centro y norte de Europa. Nuestras ciudades siguen estando pensadas para los coches y, aunque en Andalucía se está haciendo una apuesta importante, estamos ante un cambio de mentalidad, una transformación social que sucede lenta pero irremediablemente.

En los últimos años estamos en pleno debate sobre cómo hay que usar las calles y diseñar las ciudades para darles ese uso ciudadano. La extensión de las urbanizaciones, los centros comerciales en las afueras, los escasos espacios para el juego, el paseo, o simplemente sentarse a tomar el fresco en las tardes de verano configuran ciudades poco amigables.

Pero, al hablar de movilidad sostenible no sólo estamos hablando del uso de la bicicleta, o de la apuesta por el transporte público y colectivo. Ampliamos el foco y atendemos al concepto de ciudad amable. Un enfoque urbanístico y social que trata de marcar el diseño de las ciudades y que pretende, por ejemplo, que los niños puedan caminar hacia sus colegios, o jugar en las calles, reduciendo en lo posible el tráfico y creando entornos de socialización y de vida en la ciudad.




La construcción de un kilómetro de vía ciclista urbana cuesta aproximadamente 300.000 euros, incluyendo la integración urbana, señalización y aparcamientos. En cambio, el coste de construcción de un kilómetro de carretera convencional, con un carril para cada sentido y plataforma de 7 a 9 metros de ancho, puede ser de 2 a 2,5 millones de euros. En el caso de una autovía, el coste puede llegar a 6 millones de euros el kilómetro. En el interior de las ciudades, los metros o tranvías también son más caros. Según la OCU, el kilómetro de metro suele rondar los 40 millones de euros y el del tranvía unos 12 millones de euros. Las cifras hablan por sí solas, pero no hay que olvidar que el coste es sobre todo medioambiental y social. Una hipoteca para las generaciones venideras.




Sevilla sigue siendo el ejemplo en la incorporación de la bici en las calles

Más allá de los costes, de los presupuesto, hay una realidad incontestable: en aquellas poblaciones en las que se han puesto en marcha carriles bici y se han articulado medidas para fomentar el uso de este medio de transporte, alternativo, ecológico y económico, el número de ciclistas ha aumentado considerablemente. En Málaga, por ejemplo, el uso de la bici se ha duplicado en dos años y supone el 2% del total de los desplazamientos por la ciudad. Según los datos del Ayuntamiento, su sistema público de alquiler registra 3.600 movimientos al día y 28.000 asociados.

En Sevilla, según un estudio de la Universidad hispalense, cada kilómetro de carril-bici ha generado tres puestos de trabajo. En la ciudad existen 65 empresas ligadas directamente al éxito de la bicicleta: reparaciones, venta, transporte de mercancías a dos ruedas, rutas turísticas y un amplio abanico de posibilidades en una ciudad cuya red de carriles bici y su apuesta por este modelo sigue siendo un ejemplo a seguir.