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Revista Digital

Patrimonio de la Humanidad
Miércoles, 16 Abril 2014 18:00

Del patrimonio como tesoro al Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Patios de Córdoba, año 2010 Patios de Córdoba, año 2010 Asociación claveles y gitanillas. UNESCO
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La palabra patrimonio ha sufrido numerosos cambios en cuanto a su significación a lo largo de su historia, en primer lugar, lo que nos evoca esta palabra es la idea de algo que se posee, y de hecho, este significado fue el que se mantuvo durante mucho tiempo. Estamos por lo tanto ante una construcción social que históricamente modificable. Vemos como la idea de Patrimonio Cultural implica la asociación de dos conceptos que han cambiado con el devenir histórico.

Patrimonio como tesoro

Hasta el siglo XVIII, la idea de patrimonio hacía referencia a todo aquel bien que podía ser heredado, sin embargo, a raiz de la Ilustración esta concepción cambia; En esta época se entendía que Patrimonio también era lo digno de ser preservado para futuras generaciones y se concebía que esto era aquello que permitiese el cultivo de la mente y la acumulación de conocimiento. Al ser producto de una época determinada, nos encontramos con una idea de Patrimonio vinculada a lo histórica o artísticamente sublime, desde el punto de vista de las clases dominantes; esto unido a la idea de que el pueblo tenía derecho a contemplar obras sublimes, provoca que se comiencen a abrir los primeros museos en los que se recogian obras tanto del propio pais como otras que habían sido expoliadas de los países dominados. La idea no era tanto proteger el patrimonio como conservarlo en museos y recordamos que, a diferencia de hoy en día, únicamente se conservaban aquellas obras o monumentos que tuviesen un carácter sublime y espectacular, todo aquello que representase los modos de vida del pueblo o sus manifestaciones artísticas, no eran miradas del mismo modo. Irán apareciendo sucesivas normativas como las española de 1911, 1915, 1926 y 1933 en las que, dicho de manera muy general, se establecerían normativas, recomendaciones y responsabilidades para preservar todos aquellas obras consideradas tesosoros de la nación por su singularidad y valor artístico o histórico.

La Comisión Franceschini y la Teoría de los Bienes Culturales

Para llegar a entender el patrimonio como testimonio de la cultura hemos de trasladarnos a la segunda mitad del Siglo XX y es que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial y a raíz de creación de organismos internacionales como la ONU y la propia UNESCO, se han ido recogiendo numerosos textos en los que se establecían figuras de protección y medidas de preservación y respaldo de aquello declarado Patrimonio. Uno de los primeros grandes logros es la acuñación por parte de la UNESCO del término Bien Cultural en 1954 en la Convención de la Haya. Este documento reflejaba los protocolos de actuación para la protección y preservación del patrimonio de una nación en caso de conflicto armado, pero lo interesante de este documento es la definición del concepto del que hemos hablado arriba, el Bien Cultural; se entiende que es todo aquel objeto que tenga una significación importante para el Patrimonio Cultural del pueblo; se incluyen monumentos, sitios arqueológicos, obras artísticas, documentos históricos o científicos, libros, manuscritos, grupos arquitectónicos y aquellos edificios cuya finalidad sea exponer lo que hemos dicho anteriormente, pese a que es pormenorizada vemos como se mantiene una definición heredera de aquella idea de patrimonio como tesoro singular. Diez años más tarde, con la creación de la Comisión Franceschini de 1964 encontramos una definición más cercana a la que tenemos hoy en día, ya que se empiezan a reconocer el valor de aquellos “bienes materiales testimonios de una civilización.” Lo llamativo de este texto es que por primera vez se habla de su valor en relación a su significación cultural.

La Convención de Patrimonio Mundial del 72

A comienzos de los setenta, en 1972, la UNESCO saca a la luz otro documento que es de los que más trascendencia han tenido hasta nuestros días es la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural. En ella se da valor expresamente a un patrimonio conformado tanto por testimonios del pasado que ayuden a definir la memoria colectiva de los pueblos como las expresiones del presente que hablan de la vitalidad cultural, se dice que son figuras de protección tanto los monumentos, como los conjuntos y lugares que tuvieran una importancia desde el punto de vista histórico, artístico, etnológico o antropológico; por primera vez se recoge ya el interes por salvaguardar, en caracter de igualdad con el resto de categorias de bienes culturales, a aquellos que tradicionalmente se habían visto como más modestos pero que daban testimonio de una diversidad cultural viva y en movimiento que era digna de ser respetada y preservada; por primera vez se empieza a hablar también de la necesidad de salvaguardar los lugares naturales, formaciones físicas, geológicas, fisiográficas o biológicas por su valor tanto desde el punto de vista científico como desde el meramente estético.

El reconocimiento del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

Ya a comienzos del presente siglo, en 2003, aparece el texto para la Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que, amparándose en la declaración de la propia UNESCO para la preservación de los derechos culturales del año 1966, y en las sucesivas recomendaciones para su salvaguarda de los años ochenta y principios del 2000, reconoce la necesidad de establecer mecanismos que protejan aquellas prácticas, representaciones y expresiones, así como conocimientos y técnicas que procuran a las comunidades, los grupos e individuos un sentimiento de identidad y continuidad. Aquí, ya no solo son dignas de protección las técnicas de trabajo, los documentos o las obras arquitéctnónicas, sino que además lo son los rituales, las danzas, los refranes y toda esa tradición oral que durante el paso de los siglos a permitido al pueblo, ser pueblo y adquirir un sentimiento de comunidad y pertenencia a un grupo. Es mediante este tipo de declaraciones que cosas como la propia dieta mediterránea, los Patios de Córdoba, el Flamenco o el Silbo de La Gómera, han sido declaradas bienes dignos de protección.Esta figura se crea con el objetivo de dar testimonio de la diversidad cultural y de la creatividad del ser humano a escala mundial. No obstante, hay que destacar que realidades como el turismo de masas han hecho que, en ocasiones, acompañando a ese intento por salvaguardar la memoria de los pueblos, encontremos una espectacularización de rituales, músicas y modos de vida en aras de conseguir beneficio económico que, en muchas ocasiones, distan de lo que son en su práctica cotidiana y fomentan la creación de estereotipos.

La caracaterística más distintiva de esta denominación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad es que, por razones obvias, ya no se conserva quieto e intacto en ningún espacio, sino que son las personas, mediante la tradición oral las que se encargan de transmitirlo de generación en generación y mientras haya individuos que porten esa tradición oral.

Mediante una lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad la UNESCO pretende ofrecer una mejor y más amplia visión de ese patrimonio intangible y de la diversidad de culturas existentes en el planeta. Este programa entro en vigor en 2008, cuando entró en vigor esta declaración. Además de esto, en el momento en el que algo es declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, se elaboran medidas de salvaguarda.

Bibliografía

Convención sobre la protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural 1972

Convención para la Protección de los Bienes Culturales en caso de Conflicto Armado y Reglamento para la aplicación de la Convención 1954

Fernández de Paz, Esther, “De tesoro ilustrado a recurso turístico: el cambiante significado del patrimonio cultural”, Pasos, Revista de Turismo y Patrimonio cultural. Vol 4, nº1. 2006

Texto de la Convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Intangible  

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